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Los niños no necesitan tablas de recompensas

 

Con puntualidad británica surgen cada pocas semanas conversaciones y consultas sobre cómo hacer tablas de recompensas. Es un recurso muy extendido que se usa tanto en familias como en centros escolares. Y las razones son las siguientes:

  • prometen un alto grado de efectividad, que suele cumplirse, debido al mecanismo de condicionamiento en el que están basadas
  • parece un juego para los niños, algo atractivo y colorido: una cartulina de color, dibujos o letras manuscritas de forma artística, pegatinas…nos recuerda a nuestra propia infancia, cuando hacíamos murales para el colegio y disfrutábamos con la actividad
  • hace desaparecer las riñas constantes y las peticiones a los niños para que hagan ciertas tareas, ya que la referencia es la tabla: si el niño no cumple su compromiso solo tenemos que acudir a la tabla para ver qué punto quitamos o qué premio no damos, no hay discusiones ni gritos; en este sentido parece que mejora mucho el ambiente familiar y la convivencia en el aula
  • otorga premios (del tipo que sean) a los niños, y eso siempre es algo bueno ¿no?, va a recibir cosas que le gustan y que nosotros consideramos positivas
  • los adultos ejercemos el poder de una forma poco agresiva, sin tener que recurrir a castigos, y nos enfadamos mucho menos

Por todas estas razones las tablas de recompensas o de puntos y premios aparentan ser una herramienta positiva para todos: el niño y los adultos.

Mi experiencia (no solo mi formacion) es que esas tablas promueven la motivación extrínseca, es decir, la razón para hacer algo no es la comprensión y la aceptación de que es importante o positivo para el niño y/o la familia, sino que le permite alcanzar un premio. Una vez desaparece el premio, baja mucho la motivación. Además de esto, se producen otros procesos:

  • la referencia para decidir si hago algo bueno o merezco una recompensa es externa, dificultamos que el niño perciba el esfuerzo que hace como una parte fundamental del proceso de llegar a una meta
  • desconecta del disfrute o molestia que puede suponer y el desarrollo de la conciencia de tomar una decisión voluntaria y consciente sobre ello. Y esto es fundamental para su vida adulta. Acostumbrados a las recompensas decididas por otros perderán el referente interno y la capacidad de ponerse en marcha y movilizar sus recursos

Digamos que con los premios ven la cima de la montaña y suben mirando hacia ella y pierden la perspectiva sobre el camino de subida y su experiencia interna.

Lo que hay detrás de estas tablas, y de muchas herramientas de crianza y educación, es poder. Todos tenemos poder, y en el caso de los adultos, necesitamos mucha conciencia para decidir cómo lo usamos: sobre los niños, con los niños o para los niños.

Las tablas son muy útiles porque ayudan a organizar información y ver ese contenido rápidamente de un vistazo. Pero no es necesario que lleven recompensas asociadas. De hecho, es preferible que no las lleven. De esta forma la tabla es un recurso en sí mismo, para la familia o para la clase, y no un instrumento de control. Podemos crear tablas con tareas diarias, todo lo creativas que queramos, para que les sirva de recordatorio. Y preferiblemente después de haber dialogado sobre las necesidades del grupo (ya sea familiar o escolar). Podemos crear carteles o tablas de distribución de tareas para facilitar que todos participen en las responsabilidades que conlleva la convivencia, en la que todos se hacen cargo de su parte para que funcione lo mejor posible. Podemos hacer listados como un modo de establecer metas al estilo de los “to do list” de las agendas, al servicio de las personas. Pero no para que las personas estén al servicio de las tablas y los premios asociados. Esta es la gran diferencia.

Recordar, animar, felicitar, agradecer, dialogar, son acciones mucho más efectivas a largo plazo. No olvidemos que educamos ahora para convivir ahora y para acompañar a los niños en su crecimiento, poniendo ya las bases de los adultos que serán, consecuencia de los niños que son hoy. Que la rapidez de resultados no nos haga perder la perspectiva. Eduquemos sin adiestrar. Honremos la dignidad y la inteligencia de los niños. Usemos nuestro poder con sabiduría.

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