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La educación emocional empieza por ti

Uno de los retos más importantes del ser humano, quizá El Reto por excelencia, es el que tiene que ver con la esencia de cada uno. Nuestra sociedad es un cúmulo de neurosis, complejos e insatisfacción. Vivimos la vida que nos dicen que es mejor para nosotros, tenemos trabajos que no nos satisfacen e imitamos los modelos que vemos en los medios. En algún momento de la adultez descubrimos que nos cuesta sostener a nuestros hijos.

Puede que aprendiéramos a mostrar las emociones que estaban permitidas y esconder aquellas mal vistas: las niñas llorábamos en lugar de enfadarnos y gritar, los niños peleaban en vez de llorar cuando se sentían tristes.

También aprendimos pronto que enfadarnos tantísimo o sentir tanta pena o estar eufóricos “no es normal” y en raras ocasiones nos permitimos saltar (literalmente) de alegría, llorar a moco tendido o poner límites a personas que nos agreden exterior o interiormente por la censura que aprendimos a hacer con nosotros mismos después de que la ejercieran con nosotros.

Esconderse tiene consecuencias

En algún momento aprendimos que lo que sentíamos no era bueno o adecuado, que algo en nosotros estaba mal, era erróneo. Pero las emociones seguían ahí a pesar del miedo que nos asaltaba cuando odiábamos profundamente a alguien, cuando nos sentíamos tan tristes que solo queríamos llorar sin parar o cuando nos daban terror cosas aparentemente inofensivas. En algún momento enterramos nuestras verdaderas emociones y empezamos a mostrar sentimientos socialmente aceptados para cada situación. Y quizá aún vivimos así.

El peligro real es la insatisfacción que genera y el daño real -físico- que ejercemos sobre nuestro organismo, ya que toda esa energía no expresada queda bloqueada en nuestro cerebro y en todas las células de nuestro ser que se encargan de recibir las hormonas de cada emoción. Por eso a veces sentimos que todo nuestro cuerpo desea expresar de una forma casi incontrolable lo que sentimos.

De rebote empezamos a ejercer la misma presión sobre nuestros hijos porque, como cualquier ser humano, tratamos a los demás del modo en que nos tratamos a nosotros mismos, aunque no seamos conscientes y pensemos que estamos educando conforme a sanos criterios educativos. Y repetimos los patrones que nosotros aprendimos en la infancia y que, probablemente, nuestros padres también aprendieron en sus propias familias. Unas veces de forma consciente y otra reaccionando de forma automática ante algo que hacen o dicen nuestros niños, ejercemos control emocional sobre ellos, tratando de que se amolden a aquello que “es bueno” y que “es malo”.

La verdad es que tenemos dificultades para afrontar las emociones que muestran, las conductas que no nos gustan porque no recibimos la escucha, empatía y mirada que necesitábamos. Sin haberlo recibido ¿cómo entregarlo?

Dónde empieza la libertad

El cambio viene cuando comprendemos, comprendes, que eres único, diferente a cualquier otro, especial y maravilloso. Y que por ello no tiene sentido compararte con lo que hace, dice, piensa o SIENTE cualquier otro. ¿Dónde está escrito el baremo de las emociones? ¿Quién decide hasta dónde puede llegar la intensidad de una emoción en cada situación y el tipo de emoción que DEBES sentir?

Entonces date permiso para sentir en cada momento. Es tu manera propia y singular de estar en la vida, de ser y de vivir. Puede que por el camino descubras aspectos nuevos de tu persona, que te reencuentres contigo y empieces a sentirte a gusto de verdad en tu piel.

Tú eres el primer beneficiado porque tu vida ya no será una dicotomía entre lo que de verdad necesitas hacer y lo que tú te repites que tienes que hacer. Las piezas empezarán a encajar y todo fluirá mejor. Tus hijos también recibirán toda esa energía positiva que va más allá de las palabras, porque la libertad de expresarte es un modelo que ellos usarán para su propia existencia. No hay mejor regalo para ti y para aquellos a los que amas tanto.

Para criar con respeto necesitamos restaurar los aspectos que están incompletos en nosotros, traerlos a la conciencia y recibir apoyo en el proceso.


El programa de Inteligencia Emocional EMOCIÓNATE 2×1, de formación y acompañamiento específicos para padres y para niños, empieza el próximo 24 de Mayo.

 

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