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Mamá, papá, necesito llorar

La represión. Un acto aplicable a las emociones, por la radicalidad que supone y los efectos negativos en la vida y el desarrollo de los niños.

Qué es la represión emocional

Cuando no dejamos expresar sentimientos o emociones básicas a los niños entonces estamos reprimiéndolas de forma externa. Con el tiempo aprenden a generar un mecanismo personal de represión con consecuencias reales y permanentes.

¿Y cuándo lo hacemos? Al censurar, reprimir o criticar lo que sienten.

¿Y cómo sé si lo estoy haciendo? Observa qué haces, piensas, sientes y especialmente qué dices cuando tu hijo muestra emociones “desagradables”: ¿eres de los que usan el consanbido “no pasa nada” “no es para tanto” “no hace falta que te pongas así” “las niñas no gritan” “cuando lloriqueas pareces una nena” “eres un cagueta”?

Algunas emociones no resultan agradables, pero forman parte del ser humano, como la alegría y el amor. Cuando las censuras le estás transmitiendo que son malas y que no te gusta que las muestre o las exprese. Por extensión lo censuras a él pues no puede dejar de sentirlas. En definitiva, castras una parte indisoluble de su ser, de su esencia como persona.

Por qué y para qué actúas así

Puede que lo hayas oído muchas veces en tu vida y solo estés reproduciendo un patrón.

Quizá cuando tu hijo llora o se enfada tú también te sientes así porque conectas con la rabia y el llanto que llevas conteniendo mucho tiempo. Eso te hace sentir inseguro y con malestar. Y necesitas cortarlo para evitar que tus propias emociones salgan a la luz.

Es probable que estés cansado y con poca capacidad para sostener y contener a tu hijo y por eso necesitas alejarte de lo que siente tu hijo.

Qué consigues censurando las emociones de tu hijo

Fácil, él heredará la misma costumbre que tienes tú de evitar ciertas emociones. Emociones que necesita reconocer, expresar y gestionar para caminar por la vida y entenderse como ser humano.

Incluso, con el paso de los días y los años, puede desarrollar dolencias debido a toda la energía que no puede canalizar fuera y se queda atrapado en su interior. Esto se debe al diseño complejísimo de nuestro organismo con receptores para las hormonas repartidos por todo el cuerpo.

Crece con una profunda desconexión emocional, bloqueando y ocultando lo que siente. Sin embargo la realidad no cambia por mucho que nos neguemos a mirarla de frente, y permanece oculta, pero permanece.

Cuando tiene su propia familia tendrá dificultades para acompañar a sus hijos en su expresión emocional.Es así como se perpetúa el círculo de la violencia.

Lo que puedes hacer

Primero desecha esas frases de tu vocabulario, apúntalas en tu diario o en un lugar importante y empieza a cerrar la boca cuando el niño se eche a llorar.

Atrévete a sentir lo que te provoca a ti la emoción de tu hijo y observa cómo huyes o interfiere en el acompañamiento que él necesita que hagas. Porque necesita que estés cerca para conseguirlo.

Acéptalo como es, con sus momentos maravillosos y sus expresiones de rabia, tristeza, asco o miedo.

No lo juzgues o critiques por necesitar llorar, por enfadarse o estar asustado: solo quédate a su lado y que pueda sentir.

Todos educamos como fuimos educados.  Salvo que rompamos la línea violenta con nosotros y nuestros hijos. Es la mejor herencia que podemos dejarles a ellos y a las generaciones venideras. Una responsabilidad y la oportunidad de dejar una huella imborrable de paz.


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