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Cuidado con las palabras “apisonadora”

Desde que empezamos a escuchar la voz de nuestra madre en el útero materno comienza la comprensión del mundo que nos rodea. Después las primeras palabras como “papá” o “agua” tienen una asociación muy clara: la palabra papá nombra al hombre de casa que me cuida, es de una forma determinada y tienen un rol concreto.

El agua es eso transparente y líquido que calma la sed, limpia y sirve para jugar. Y poco a poco vamos ampliando nuestros horizontes por medio de las palabras que recibimos de los demás. “No” es un límite ante algo que quiero hacer o coger. ¿Imaginas el rápido desarrollo de toda una red neuronal que asocia palabras con objetos, emociones, cualidades, acciones…? La lista es enorme.

Y fíjate que en realidad el aprendizaje viene por asociación: si al agua yo le llamara pan y al pan le pusiera el nombre niño esas cosas tendrían dicho nombre y no el actual. Por eso tienen tanto poder, porque son subjetivas y están vinculadas a cómo nos sentimos en el momento en que las recibimos.

Una vez adquirido el lenguaje somos capaces de realizar el proceso contrario: nombrar o calificar aquello que sucede o que experimentamos. Por eso para una persona un bizcocho es exquisito y para otra soso. Una persona es amigable y para otra esa misma persona es empalagosa. ¿Ves? Hay una enorme subjetividad. Esto es una noticia extraordinaria y por eso es importante aprender a manejar nuestras palabras con inteligencia y precaución.

Tenemos el enorme poder de cambiar la realidad, las relaciones y las situaciones que vivimos a diario con un puñado de palabras. Para ti subir a una montaña rusa es apasionante y para otro es espantoso.

Para tu hijo saltar por casa es divertido y para ti es escandaloso. Puedes transformar tu vida en un cúmulo de desgracias y molestias o en una suma de oportunidades y pasión. Sólo con tus palabras.

En mis talleres y formaciones pongo el ejemplo de las palabras “apisonadora”. Quizá has dicho en alguna ocasión algo parecido a esto a tu hijo (o a tu pareja): “nunca me escuchas”. Analicemos un poco la frase…¿nunca? Nunca es mucho tiempo. Signfica jamás desde que os conocéis. Ni una sola vez. ¿Estás seguro de que eso que has dicho es cierto? Fíjate en la reacción del que ha recibido tu mensaje. ¿Se ha puesto a la defensiva? ¿Ha respondido acusándote a ti de otra cosa? No te extrañe, usaste una palabra “apisonadora” y se sintió ofendido. Es lo que tienen este tipo de palabras: son muy fáciles de decir y potentes, ayudan a desahogarnos, pero entorpecen el diálogo y dañan las relaciones.

Casi estoy segura de que lo que en realidad querías decir es “Estoy hablando y me parece que no me escuchas” o quizá “Cuando te hablo sueles mirar para otro lado y no sé si pones atención a lo que digo. Necesito sentirme escuchado”, para algunas personas es una forma de expresar “Me siento abrumado, perdido, y necesito tu apoyo”

Si esto ocurre en la conversación con un adulto, imagina la influencia que tienes sobre tus hijos. Un “eres un pesado” o la queja “no puedo contigo” “estoy harto de decirle cien veces las cosas” “ojalá fueras como tu hermano” “no se te ocurra contarme una mentira” incide en cómo ves a tu hijo y también en la imagen que él se hace de quién es, sus capacidades y posibilidades en la vida.

Centrarnos en la positivo es la clave para alcanzar las metas más increíbles y sentirnos plenos: las palabras pueden ser nuestras aliadas.

Para comprender cuáles de las cosas que dices están generando situaciones que detestas y os causan dolor te invito a participar en el Webinar abierto de este jueves 1 de Diciembre. Las plazas son limitadas, así que te invito a registrarte cuanto antes. Para reservar tu sitio ve a este enlace.

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Recuerda, el jueves 1 de Diciembre a las 22 horas (horario de Madrid-España). También puedes registrarte aquí. Sin el conocimiento que daré en el Webinar online los intentos para conseguir comunicarte con tus hijos y que ellos lo hagan contigo tendrán poco éxito. En algún momento te cansarás de intentarlo y acudirás al sistema de sanciones y órdenes.

No es porque no queramos, sino porque no tenemos recursos para determinadas situaciones. Porque nadie nos ha enseñado a descubrir el poder de las palabras.

¡Te espero este jueves en el Webinar!

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