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Para criar bien, necesito sentirme bien

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Me encantan cosas tan sencillas como un gato que pasa por delante de mi ventana, las risas de mis hijos o poder leer tranquila durante unos minutos. A menudo obviamos la importancia de lo pequeño en nuestra vida.

Unas veces por las prisas, otras veces porque debido a nuestro estrés no percibimos las pequeñas maravillas que ocurren a nuestro lado, a menudo porque no nos damos permiso para experimentar eso que tanto nos agrada… el hecho es que acumulamos horas, días, meses, incluso años de insatisfacción y de sed, una sed por todo aquello que nos produce bienestar. Y así andamos, inquietos e insatisfechos, pagando con las personas cercanas la falta de autenticidad que nos lastima. Aunque la sed que el estrés nos provoca a menudo pasa desapercibida incluso para nosotros, los sedientos. Con frecuencia los efectos llegan en forman de irritabilidad extrema y falta de empatía, peleas por tonterías y palabras que no queríamos decir. Y a continuación aparecen los sentimientos de culpa: por la falta de paciencia, por irnos enfadados a dormir, porque todo en casa parece caótico y molesto…sabemos que la clave la tenemos nosotros, los adultos. Pero nos cuesta ver por dónde empezar a transformar esta realidad inquietantemente común.

Esto que te cuento no es nada nuevo, seguro que lo has experimentado: un sábado o un lunes o un día de fiesta en el que hiciste, sobre todo, lo que necesitabas. Levantarte con calma, desayunar con tu familia, salir a pasear al sol, escuchar música, jugar, dormir la siesta, cocinar con  mimo, ver una buena película, tener sexo con tu pareja en plenitud, dormir profundamente.

Pero ¿qué es lo que nos impide cargarnos de positividad haciendo aquello que nos nutre?

Hay quien echa la culpa a los horarios, a los hijos, a la sociedad, al tiempo, a los políticos. En realidad el secreto está en asumir la responsabilidad sobre la propia vida. Esa que nos permite alcanzar un nivel de bienestar personal suficiene como para transitar por los retos de cada día junto a nuestros hijos con calma y perspicacia. Es muy difícil distinguir entre sus necesidades y las nuestras cuando acumulamos largos períodos de tiempo de rutina y obligaciones.

Empieza por lo siguiente: haz una lista con las 5 acciones que te llenan de energía positiva. Y dedica hoy unos minutos a la que prefieras. Después revisa: ¿cómo te sientes? ¿sigues creyendo que todo está “ahí fuera”? ¿que son las circunstancias las que gobiernan tu vida, las que deciden si tu alma vibra o se arrastra?

Recuerda: si quieres sentirte bien, nutre tu vida con lo que te hace vibrar.

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margaret - En eso estoy yo, en casa el papá y yo nos hemos puesto unos horarios obligados de tiempo para nosotros, para salir a pasear, darnos una ducha sin prisa, o hacer la compra sin prisas ni pendientes de q los peques están aburridos y hay q comprar rápido.
Es obligatorio para la estabilidad individual y la familiar q los adultos estemos bien. Y eso pasa por dedicarnos tiempo a nosotros mismos.

Gracias por tu trabajo Pilar

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