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Padres agotados, padres culpabilizados

(*donde dice “madre” lee “padre” sin problemas, ellos también pasan por estas experiencias)

Madre no hay más que una…

Una madre hace cualquier cosa por sus hijos…

Seguro que conoces algún otro refrán o dicho sobre las madres. Muchos los oí (¿tú también?) durante mi infancia y también cuando fui madre por primera, por segunda y por tercera vez.

No es casual que las madres estemos dispuestas a cualquier cosa por nuestros retoños: desde que concebimos un hijo todo nuestro ser se pone en marcha preparándonos para la acogida de ese ser que depende para todo de un adulto. Así de sabia es la naturaleza.

Solo que el niño crece y las demandas y necesidades que hay que cubrir por él comienzan a ser desgastantes. Y existen algunas razones para que esto ocurra:

  • criamos solas durante muchas horas (o días), sin apenas ayuda ni adultos en quienes apoyarnos, con un esfuerzo físico y psíquico considerable
  • la disponibilidad para criar se “supone” en una madre y apenas nos permitimos desear o necesitar cualquier cosa que no tenga en cuenta a nuestros hijos o que suponga un conflicto entre sus intereses y los nuestros
  • en pocas ocasiones pedimos ayuda y cuando lo hacemos hemos llegado hace tiempo al límite de nuestra capacidad para mantener la serenidad en la crianza

Las consecuencias para nosotras no tardan en llegar: cansancio y falta de ánimo, irritabilidad, resentimiento, culpabilidad, dolencias físicas, tristeza…

Las consecuencias para la relación que establecemos con los hijos empiezan a ser evidentes: madres irritadas que no soportan las exigencias pero que se sienten culpables por perder los nervios y desear “escapar” de sus hijos.

La culpa es origen de muchos de los conflictos y faltas de respeto hacia los hijos y la pareja: esa culpa es uno de los sentimientos más poderosos que existen porque nos bloquea, provoca un profundo malestar y nos mantiene en un callejón sin salida. La única que solemos ver es proyectarla y buscar algo o alguien que origina ese sentimiento, atribuirle el origen de nuestra desazón y quitárnosla de encima. De este modo aparece el resentimiento hacia los hijos como causantes de esa culpa, por estar en la disyuntiva constante de tomar decisiones respetuosas para todos que sirvan para cubrir las necesidades de todos los implicados, padres e hijos. Tan sencillo y tan complejo como tener tiempo para mí sola, mientras mis hijos demandan mi presencia y atención. Hagamos lo que hagamos nos sentimos culpables.

Aprender a mantener el equilibrio

Si a la crianza añadimos las responsabilidades del trabajo, las relaciones familiares extensas, la gestión del hogar, la relación de pareja… entonces aparece el estrés en su versión más intensa. Porque el estrés es un mecanismo natural que permite estar alerta ante situaciones que requieren toda nuestra atención y esfuerzo o reacción. Conlleva un consumo de energía considerable. Y tiene una función muy importante.

Cuando el estrés tiene altos niveles durante un tiempo excesivo (horas, días, semanas… años) se convierte en crónico. Ese es el tipo de estrés para el que nuestro organismo no está preparado y que repercute directamente en toda nuestra vida: emociones, pensamientos, biología y relaciones.

El reto está en aprender a mantener el equilibrio, en detectar las situaciones mantenidas en el tiempo que repercuten negativamente en nosotros y aprender herramientas para no trasladarlo al resto de la familia.

Cuando en un taller hablamos de las relaciones con los hijos invariablemente alguien aduce la falta de tiempo como origen de muchos de los conflictos y de las dificultades para disfrutar de la convivencia en lugar de sufrirla. ¿A ti también te pasa?

Formación guiada “No más Estrés. Gestión consciente de la vida adulta y familiar” comienza el 27 de Junio. inscripciones abiertas

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catalina - anillo al dedo Pilar. es agotador xq explotas en momentos y luego te dices que hice.. es cansado. el estres mata todo

Mª Pilar - Lo bueno es que sí que podemos remediarlo Cata 😉 ¡Gracias por comentar! Un abrazo animoso

Hana - Lo dicho, creo que voy a enmarcar esto y colgarlo encima de mi cama :-)) Touchée!!

Mònica - Pues tal cual… Lo que peor llevo es que antes no me daba cuenta y lo hacìa. Pero es que ahora me DOY CUENTA y lo sigo haciendo!!! Con menos frecuencia pero ocurre. Es tan difìcil cambiar los hàbitos!!

Mª Pilar - Hana, me has hecho reír, muchas gracias 😀 Si has sintonizado con el texto, entonces es tu momento para evolucionar 😉 Ánimo!

Mª Pilar - ¿Con menos frecuencia? Pues enhorabuena. No somos robots o en cierto modo sí ;), estamos bastante programados. Lo mejor: que la reprogramación no depende de un super-ser externo sino de cada uno. ¡Sigue! Y gracias por comentar

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