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Tres actitudes que transforman la convivencia en la familia

Uno de los anhelos de los padres es que alguien nos dé la receta con la que lograremos que nuestros hijos “nos hagan caso” cuando les requiramos o pidamos algo. Si aún sigues buscando esa fórmula mágica o un gurú que te dé las soluciones, entonces estás perdiendo el tiempo. Cada familia, cada padre, cada niño es diferente. Porque se trata de actitudes.

Cada vez que escribo esto me parece que es de “perogrullo”. Pero como sigo viendo ese anhelo a mi alrededor (y experimentándolo internamente, que “nadie es perfecto” 😉 ) lo recuerdo de nuevo.

Cada familia, cada padre, cada niño es diferente. No existen las fórmulas mágicas.

Peeeero… sí que hay tres actitudes fundamentales que evitan pequeños conflictos, esos que cuando se acumulan dan lugar a momentos de alta tensión, reproches y enfados. Nos esforzamos en que las cosas sean tal como creemos que han de ser y perdemos la oportunidad de ser creativos y entrenarnos en la solución de problemas. Y sobre todo vivimos con la creencia de que nuestro papel es enseñar a los hijos, porque no saben nada y que nosotros tenemos todas las respuestas. Aquí están esas actitudes.

Colaboración

Nos pasamos el tiempo echando sermones, especialmente cuando surge el conflicto, que es precisamente el peor momento para lanzar mensajes. Es preferible que cuando necesitemos su colaboración contemos con ellos: podemos sentarnos juntos, dialogar y decidir cómo nos vamos a organizar, dejando por escrito las decisiones  y lo que cada uno está dispuesto a hacer. No hay mejor manera de llegar al corazón de otra persona que expresar claramente lo que siento y necesito. Sin acusaciones. Sin chantajes. Y genera naturalmente la voluntad de colaborar, si es posible y no me supone un daño, porque el otro no trata de imponerse, sino que cuenta conmigo y me pide ayuda. Ahora ya estoy en disposición de decidir si lo hago o no. Esa es una de los aprendizajes y placeres más importantes de la vida: tomar decisiones.

Escucha

Pocas ocasiones dedicamos a charlar con calma. Y si conseguimos hacerlo es a base de interrogatorios a los niños y sermones. Nos pasamos el tiempo enseñándolos, en vez de escuchar lo que sienten, piensan y necesitan. Y no hay experiencia que mayores vínculos genere que un buen rato de conversación en el que solamente escuchamos y somos escuchados, sin interpretaciones, sin consejos no pedidos, solo captando lo que dice el otro, sin preparar una respuesta-tipo de padre sabio. Además aprendemos mucho unos de otros, aprovechamos la oportunidad de comprender las razones de los demás y empezamos relativizar nuestro punto de vista sobre la realidad. Porque cada uno tenemos la nuestra y la de los niños es igualmente respetable.

Responsabilidad

Los adultos tenemos una visión y necesidades que pueden coincidir o no con las de los hijos: como niños su visión del mundo, lo que les gusta, aquello que necesitan… puede ser muy diferente de lo nuestro. Y empeñarnos en que todo se haga a nuestra manera trae consigo muy poca fluidez en la familia, rebeliones, negativas, gritos, coacciones… El mejor modo de que los niños sean responsables es que puedan tomar decisiones (para las que están capacitados desde pequeños) y afrontar las consecuencias de lo que hacen. Lo que resulta realmente complicado es que se hagan cargo de lo que hacen y los efectos que tiene cuando constantemente somos el padre y la madre quienes decidimos qué, cómo y cuándo hacerlo y además sancionamos cuando no se ha hecho a nuestro gusto. Así que déjalos que decidan, arriésgate, olvídate de quienes piensan que estás loco, que la niña no va conjuntada o que esa es una merienda inadecuada.

En realidad todo esto está relacionado con el control, un tema que ya toqué en otro artículo. Y como es tan importante volveré a tocarlo pronto 😀

Anímate, prueba cosas nuevas, ensaya soluciones diferentes a las conocidas, pide ayuda, respira hondo y adelante.


Aprende con Mª Pilar cómo llevar a cabo nuevas actitudes que terminan con la confrontación y los gritos en el Encuentro del próximo 7 de Noviembre de 2015 en Alcorcón-Madrid. Reserva aquí tu hueco antes de que se acaben las plazas.

El Rinoceronte Naranja

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