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¿Qué legado voy a dejar a mis hijos?

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Cuando echo la vista atrás me parece increíble los cambios que han tenido lugar en mi familia, y me sorprende especialmente porque ahora que me he tomado el tiempo para comprender dónde está mi “talón de Aquiles” puedo decir con orgullo que encontré el modo de ser mejor madre. Quiza parezca pretencioso, pero yo creo que es preferible ser honesto que usar la falsa modestia.

¿Sabes qué cosas han mejorado y son visiblemente más positivas?

  • la comunicación: los “esto es así y punto” son mínimos, lo que permite que haya menos enfrentamientos entre mis hijos y yo, porque lo cierto es que casi todo se puede hablar para encontrar soluciones que satisfagan a todos
  • mis ideas sobre la infancia: pese a toda la formación universitaria, me dí cuenta de que en la crianza seguían mandando las creencias y mensajes que escuchaba a mi alrededor como que los niños tratan de manipularme o que si ahora hacen lo que les da la gana no podré con ellos cuando tengan 15 años
  • mi autoestima: gran parte de los problemas venían de tomarme como algo personal, como un ataque intencionado, todo aquello que no respetaba las normas o límites que a mí me parecían importantes
  • mi autoconocimiento: y este es el quid de la cuestión, porque yo me exigía un esfuerzo enorme con muy poco cuidado hacia mí. El resultado es que estaba estresada, cansada, presionada… por no tener en cuenta mis necesidades. Y encima de esto sintiendo resentimiento porque era la crianza de mis hijos la que me impedía tener tiempo y espacio para mí (al menos eso creía yo) y al mismo tiempo experimentando un gran sentimiento de culpa por estar resentida con ellos.

Este cóctel era suficiente para sentirme como una olla a presión y terminar repitiendo las frases y actitudes que no me gustaban de mi propia infancia y de mis padres. Y que había prometido no repetir. Absolutamente frustrante.

Por eso trabajo cada día: los padres necesitamos estrategias para educar a los niños, nuevos modos de comunicarnos y relacionarnos y también necesitamos comprender de dónde vienen las dificultades que tenemos, las peleas que generamos, las palabras que hieren a los demás, los momentos de rabia y tristeza.

Necesitamos aprender qué hacer para no usar premios ni castigos, cómo hablar y que nos hablen con respeto, de dónde viene el estrés y qué hacer para gestionarlo, por qué los intentos de imponer orden y disciplina fracasan, qué pintan las emociones en la vida y cómo influyen en la conducta personal y en la de los niños.

¿Sabes algo importante? Yo también pensaba “mañana lo haré mejor”, “ya estamos tranquilos, no ha pasado nada”, “tienen que tener claro que quien manda soy yo”… y la realidad es que mientras seguí pensando así, la situación empeoró. Yo estaba disgustada y  me sentía incapaz de criar y mis hijos se ponían de mal humor y me retaban a menudo. Y eso no es lo que yo quería dejarles en herencia.

Hazte estas preguntas:

¿Qué huella quieres dejar en tus hijos?
¿Cuándo sabes que algo no está funcionando? ¿Qué señales ves?
¿Puedes pensar en algo que te era imposible en su momento y que se ha vuelto posible con el tiempo?
Elige 2 problemas que tienes ahora en la educación de tus hijos ¿te gustaría convertirlos en oportunidades para tu crecimiento personal y el de tu familia? ¿Qué estás dispuest@ a hacer?

Si yo, con todas mis limitaciones, pude hacerlo tú también puedes. Porque los quieres y estás decidida a darles lo mejor de ti, a que tengan una vida feliz ahora que sea la semilla de una vida feliz para el resto de sus días, con herramientas para superar las dificultades y construir lo que deseen ser.

¿Sabes algo más? Todos los padres criamos lo mejor que sabemos a nuestros hijos, usando los recursos y experiencias acumuladas para encontrar el camino. No lo sabemos todo, y nuestra responsabilidad es buscar respuestas.

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