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¿Esclavos del estrés?

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Es tentador pensar que existen soluciones cuasi mágicas o desconocidas que me darán la llave de la paz en la casa, que evitarán las discusiones con los niños y permitirá la buena comunicación, sin pérdida de control por parte de nadie.

Sin embargo esto no existe, aún cuando alguien pueda llegar a prometerlo. Por la misma razón por la que no a todo el mundo el gusta la tarta de chocolate. Porque somos diferentes. Y lo que vale para ti y tu familia no vale para la que vive en la puerta de enfrente.

No es raro que nos dediquemos a comparar y compararnos con otros padres, a nuestros hijos con sus compañeros o amigos, a mi suegro con el de mi amiga. De dónde viene este afán comparativo, lo sabemos: la sociedad en la que vivimos nos empuja a estar mirando siempre al otro, en una competitividad malsana que genera envidia y promueve relaciones insanas.

Pero no es de esto de lo que quería hablar hoy. Bueno, un poco sí. Es evidente que cuanto más ocupado está nuestro tiempo más “eficaces”, ocupados y productivos parecemos. Soportando niveles de estrés elevados que Carl Honoré estableció como nuevo paradigma de nuestra sociedad cuando publicó “In praise of slowness”. ¿Te ocurre que en ocasiones haces algunas actividades a toda velocidad sin tener una razón fundada para ello? Ya sea leer, cocinar, hablar por teléfono, comer… Y sin que haya en la agenda ningún evento cercano o importante. Simplemente porque nos acostumbramos a vivir deprisa. Porque llenamos la vida de obligaciones, porque creemos que podemos con todo, porque pensmos que no hay otro modo de vivir. Porque imaginamos que cuando hayamos hecho todo lo que tenemos pendiente y cumplamos lo que nos hemos marcado entonces podremos sentarnos a descansar. La paradoja es que nos enganchamos a este estilo de vivir y cuando nos paramos entonces nos damos cuenta de los días, semanas, meses o años que dedicamos a correr para no llegar a ninguna parte.

Puede que incluso tengamos alguno de estos síntomas:

  • dificultad para conciliar el sueño
  • dolores de estómago o digestiones pesadas
  • cansancio frecuente
  • irritabilidad y discusiones constantes por cuestiones pequeñas
  • insatisfacción y ansiedad

La lista es enorme y aumenta a medida que crecen los días de estrés en nuestra cuenta particular. A lo mejor esto ya lo intuimos, pero nos justificamos diciendo que no hay salida, que la vida es así, que con el trabajo, los hijos, la casa… no hay otro modo de vivir. Mientras seguimos dañándonos y dejamos de disfrutar de verdad de la vida, la única que tenemos. Afectando a la salud, las relaciones y la felicidad.

En ocasiones es una cuestión de valores o de balance: éxitos, actividades, imagen… frente a conciencia, estabilidad y satisfacción personal. Solo que nadie nos puede dar la respuesta “correcta”, esa está en cada uno de nosotros.

Y recuerda que tu forma de afrontar la vida es la que herederán tus hijos para su propia existencia. Pero de eso te hablaré en el próximo post.

Te invito a escuchar el Audio sobre gestión de estrés. Para que vayas tomando conciencia de las repercusiones que tiene en tu vida y en la de tus hijos.

¡CUÍDATE!Coaching familiar para solucionar el estrés

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