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Criar con respeto es también respetarte

Llevo unos años participando en foros y grupos de crianza, en asociaciones para criar con apego… En ellos se comparte mucha información sobre las necesidades de los niños,  la importancia del contacto físico con el porteo, los beneficios de la lactancia materna, la necesidad del parto respetado, qué bueno es dormir con tus hijos, cómo fomentar su autonomía y responsabilidad.

Claro que la pasión por este tipo de crianza también ha creado fundamentalismos e intolerancia en muchos progenitores, que han visto y ven en este estilo un credo que seguir al dedillo, como si criar a los niños fuera cosa de seguir un manual. Por contraposición están aquellos que deciden alejar y alejarse de sus hijos para mantener intacta su independencia y su ritmo de vida adulto, tan diferente del infantil.

En la crianza con apego teñida de fundamentalismo existe una profunda desconexión del adulto consigo mismo, bien porque la crianza absorbe toda la energía, dedicación y tiempo, bien por no saber detectar cuáles son las propias necesidades o por saltárselas constantemente con las consecuencias lógicas para el estado emocional y físico. En esto tampoco existen recetas porque cada padre y madre es diferente en sus experiencias, deseos y necesidades. Lo que está claro es que no tener en cuenta nuestro ser particular tiene consecuencias para nosotros y para la relación con los niños.

Por supuesto que engendrar una vida y hacerse responsable de su crecimiento sano y completo implica algunos “sacrificios” relativos al descanso, a la cantidad de tiempo disponible para uno mismo, a la cantidad de tareas… especialmente durante los primeros años. Pero no es necesario ni saludable que los progenitores se hagan prisioneros de su “papel” por una maternidad o paternidad mal entendida, o por creer que maternidad es igual a sacrificio extremo a costa de lo que sea. Esto a la larga puede desembocar en resentimiento hacia los hijos, culpabilizaciones, en una situación emocional inestable, e incluso en problemas de salud.

Mi experiencia me dice que cuando la dedicación a los hijos empieza a convertirse en obligación y causa malestar es momento de plantearse de nuevo qué cosas no estamos atendiendo como adultos de nuestra vida personal, emocional, de pareja, para encontrar soluciones que tengan en cuenta a todos los miembros de la familia, incluidos los adultos.

Llevo más de 10 años experimentando la maternidad y en ese tiempo he pasado por muchas fases y descubrimientos personales: entre ellos que seguir huyendo de mí misma escudándome en la crianza era negativo para mí y para la relación que establecía con mi familia, y que cuando yo estoy bien, mis hijos están bien, mi familia funciona mejor y soy más feliz.

Es todo un reto pero merece la pena: si sentimos que algo no va bien en nuestra vida y no estamos satisfechos con nuestro papel en la familia, si nos hemos instalado en la queja, si el mal humor es habitual en nosotros, ha llegado el momento de cambiar y soltar amarras y seguridades, dejar el terreno conocido y avanzar hacia retos y vivencias nuevas. Está en nuestra mano descubrir cuáles son los que queremos vivir.

Por eso comenzará muy pronto el proyecto Lilith. Lilith es una de las figuras femeninas más antiguas del mundo; de origen mesopotámico, en la tradición judía se le considera la primera mujer de Adán, anterior a Eva. Según la leyenda, se negó a obedecer los caprichos del primer hombre sobre la tierra y abandonó el Edén por propia iniciativa, desafiando así al mismísimo Yahvé.

Este es el espíritu con el que nace Lilith, mujeres en familia.

Constatado en mis propias carnes el escaso tiempo que nos dedicamos, la falta de apoyo, el sentimiento abrumador de cargar con responsabilidades sin fin, las angustias tragadas, la culpabilidad que bloquea y nos causa resentimiento hacia las personas que más queremos…En algún momento al hacernos madres perdemos de vista que también somos mujeres, que la maternidad es un rol, un “trabajo” y una opción vital. ¿Cómo conciliarlo todo?

Maternamos durante años, con épocas en las que confiamos que podemos aguantar un poco más, que pasará el malestar, que cuando crezcan…lo cierto es que las demandas continúan. Y nosotras seguimos solas y desaparecidas.

Sabemos que todo aquello que no está resuelto dentro de cada una es una piedra en el trato con los hijos y la pareja. Por eso nace este proyecto cuya razón de ser es convertirse en sostén y vehículo de crecimiento personal y familiar para nosotras, para ti. Cuando gritamos, herimos con ciertas palabras, culpamos a otros de nuestra frustración y cansancio…estamos huyendo de nuestras necesidades, incapacidad y deseos. Y para sortear las situaciones estresantes sin dañar a los niños, aprender de ellas y encontrar fuerza para cambiar necesitamos compañer@s de viaje.

Seremos un grupo reducido de trabajo y vida, con un contacto estrecho aprovechando las nuevas tecnologías. Mucho más estrecho y también libre de lo que he hecho hasta ahora. Acostumbrados a mirar hacia fuera, a lo que hacen los demás, a cómo me afecta, a lo que no  me dan o me quitan, es hora de mirar dentro. Las respuestas están ahí escondidas.

Si resuena en ti la propuesta escríbelo en comentarios y te cuento más por privado. Te recuerdo que no podemos construir un espacio tan especial con muchas personas. Quienes primero se decidan tendrán prioridad. ¿Serás tú una de ellas?


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Carla - hola Pilar, es el primer comentario que escribo pero es que me ha encantado este post porque al descubrir que, la manera que instintivamente me ha salido de criar a mi hija, esta respaldada por la crianza con apego, me ha hecho sentirme acogida y entendida por los otros padres, pero tambien siento que efectivamente hay algunos que al llevarlo al extremo se llevan muy a pecho la defensa de este tipo de crianza y que se toman como una ofensa personal cualquier “critica” o desacuerdo con alguno de sus “postulados” y realmente siento que es por un problema en el adulto y no la necesidad real de nuestros niños.
Pero en fin, lo dicho, que me ha gustado mucho pero como siempre tu lo explicas mejor. gracias, un beso

pilar - Gracias a ti por tus palabras. Mi experiencia es que cada FAMILIA es diferente, y cada bebe y padre madre también. Me gustaría seguir leyendote por aquí. Un beso.

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