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El control emocional tiene consecuencias

ID-100111764“Pensar es imaginar, discurrir una idea, un proyecto.

Reflexionar sobre una opinión, examinarla con cuidado y dar tu punto de vista.

Vivir solo de esta forma significa tener una vida muy mecánica.

Sentir es experimentar dolores, sensaciones, placeres.

Notarlas y reaccionar sin pensar, impulsivamente, fijándose solo en impresiones o sentimientos.

Vivir de este modo es existir de una forma muy profunda.

Para que la vida esté completa necesitamos las dos, que moderadas encajan y armonizan.”

(Enma, 10 años)

¿Es mejor pensar o sentir?

Esta es la pregunta que tuvo que contestar mi hija en el colegio, mediante un texto que puedes leer justo aquí encima. Ha sido una coincidencia maravillosa que estuviera preparando este post cuando el texto llegó a mis manos. Algo que una persona tan joven es capaz de explicar en pocas líneas es un trabajo de años y mucha conciencia y esfuerzo personal para muchos adultos.

Incluso cuando acudimos a un profesional para que nos oriente en alguna dificultad de nuestra vida solemos encontrarnos con dos posturas: la de aquellos que tratan la mente como origen de las dificultades vitales y la de quienes curan o reparan el daño corporal de forma independiente a la mente. Esto es lo que explica la doctora Candance Pert en una entrevista, cuya lectura recomiendo.

Es muy difícil encontrar personas que hagan un diagnóstico global y que aborden la salud desde un punto de vista holístico. Incluso aunque estén preparadas para ello. Por eso me ha parecido muy ilustrativo el texto superior en el que una niña de tan solo 10 años explica con sus palabras y experiencias la importancia del pensar y el sentir en la vida.

Consecuencias del control emocional

Aún cuando queramos desligar la mente del cuerpo o la emoción del resto de la vida, hacer compartimentos estancos… no es posible porque nuestra biología está específicamente diseñada para aprovechar todo lo que las emociones nos enseñan sobre nuestra propia vida. Vamos a menudo por la vida tratando de tomar decisiones sopesando pros y contras, calculando riesgos, planificando… y dejamos de lado lo que nuestra propia experiencia y emoción nos cuentan, lo que la intuición nos está diciendo, lo que dice nuestro corazón…

Día a día, semana a semana, mes a mes, durante años, dejamos a un lado las emociones, especialmente las “emociones negativas” y tratamos de vivir como si no existieran o tratando de no dejarnos llevar por ellas. ¡Craso error! Sin ellas estamos perdidos y la vida se vuelve, efectivamente, mecánica y gris. ¿De dónde viene esta desconexión?

A muchos nos dijeron que determinados sentimientos no eran buenos, que no debíamos mostrarlos, que eso no era apropiado de personas educadas, que no hay que enfadarse o llorar por tonterías, o hacer el loco cuando estás eufórico. Moderación, mesura y calma.

Pero ¿qué consecuencias tienen el control y la represión emocional?

  • Tomar decisiones en contra de lo que necesitamos y violentar así nuestra energía
  • Bloquear las emociones en nuestro interior y provocar daño emocional y físico en el organismo
  • Dificultad para disfrutar todo lo bueno que la vida ofrece por causa de rencores, dolor y tristeza no expresados

Aquellos que somos padres o que trabajamos con niños tenemos una gran responsabilidad. Porque más allá de las palabras que les digamos, el ejemplo que les damos con nuestra actitud y reacciones serán su guía y espejo. Si queremos algo bueno para ellos necesariamente habremos de mostrar mayor inteligencia emocional.

RECOMIENDO: “Emociónate, aprende a sentir para sentirte bien”, comienzo: 28 de enero

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