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Propósitos de 2015: olvidar las rutinas

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Rutinas, esas grandes amigas

Se ha vuelto algo común que la gente necesite momentos durante el año para descansar de la rutina. Eso me lleva a preguntarme para qué demonios leemos y releemos artículos con propuestas sobre lo bueno de las rutinas para organizar la vida y especialmente para ayudar a los niños en su día a día. Así que para mí está claro que no es tan positiva como repetimos en cuanto tenemos ocasión a nuestros niños, si no, no necesitaríamos tomarnos tiempos sin ella. El tema de las rutinas me parece un claro ejemplo de los mensajes que muchos padres creemos y repetimos porque vienen de fuentes que consideramos fiables, y porque no tenemos claro qué queremos o necesitamos realmente. Terminamos convirtiendo esos mensajes en creencias que nos limitan. Algunos los escuchamos tantas veces durante nuestra infancia o bien nos los repetimos tan a menudo, que quedan marcados a fuego en nuestro cerebro y todo nuestro ser. Los niños necesitan rutinas, necesito rutinas para organizar mi vida

Volvamos al tema ¿para qué pasarnos años inculcando en los niños lo “importante” de tener rutinas y horarios fijos? Es una incoherencia existencial que choca de frente con las necesidades y el carácter de los niños, cuya naturaleza están tan alejada de lo fijo y obligatorio. Mientras, vivimos convirtiendo la rutina en un objetivo en vez de en un medio para alcanzar los objetivos y tiraniza nuestra vida: así es como se vuelve una prisión, una losa y un motivo de sufrimiento.

Qué es rutina

Recurrir a la RAE es una costumbre que he adquirido recientemente, porque me ayuda a recuperar la raíz de las palabras, su sentido originario, que está detrás de su uso más allá del sentido que le doy. La definición de “rutina” es:

–Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas.

Por mera práctica y sin razonarlas…

Por mera práctica y sin razonarlas…

Así que ya puedes empezar a pensar por ti mismo qué cuestiones organizativas, hábitos, “rutinas” necesitas y cuáles son una imposición que te has puesto o que has dejado que te pongan y que solo sirven para discutir con tus hijos o sentirte frustrado por tu falta de “voluntad”. Te pongo un ejemplo. Cuando mi primera hija tenía unos dos años teníamos la costumbre de bañarla todos los días. Llegó un momento en que ella se lo pasaba tan bien en el agua que no quería salir, pero como a los niños se les baña todos los días (una costumbre que por cierto ya no tenemos) pues todas las tardes a esa de las 8 la niña se enfadaba muchísimo, lloraba y gritaba, porque no quería salir de la bañera. Teniendo en cuenta su edad, tratar de convencer con razones y solicitando comprensión por su parte no surtía efecto, evidentemente. Así que durante un tiempo sobrellevamos la situación (ella la soportó en realidad) hasta que decidimos cortar por lo sano. Nada de baños a diario. Esa situación nos animó a buscar información sobre la conveniencia de bañarse o no cada día. Y de poner en tela de juicio (el nuestro) una costumbre que en muchos casos puede tener sus inconvenientes y contraindicaciones. Pasar por un conflicto día sí día también solo para cumplir una creencia, un mensaje, una norma implícita de la crianza actual… era demasiado. No sé si fue este el comienzo de una mayor reflexión sobre qué cosas adoptábamos para nuestra familia y cuáles no, solo sé que reflexionar y decidir se ha convertido en algo habitual que ha tenido lugar también con el tema de las rutinas.

Además de eso pienso en cómo insistimos los padres a nuestros hijos para que merienden a una hora concreta, se acuesten cuando  nos parece oportuno, hagan sus tareas (las que sean) en determinados momentos del día… ¿para qué? probablemente porque pensamos que necesitan ser organizados y además eso nos viene de perilla para  nuestra organización familiar.

La verdad de la rutina y cómo hacerla tu aliada

Bien, en ese caso es preferible ser sinceros y contar a los niños la verdad: “hijo, necesito descansar ya porque el día ha sido largo y no tengo energía para darte atención o contarte cuentos. Por eso prefiero que te vayas ya a dormir”

Claro, de este modo te arriesgas a que la criatura no esté de acuerdo y tener que poneros de acuerdo sobre cómo gestionar el momento de irse a la cama. Frente a los disputas diarias para que se lave los dientes, se ponga el pijama y se acueste lo antes posible porque estás deseando tirarte en el sofá está la opción de hablar de ello con calma (mejor un sábado por la mañana que un lunes a las 9pm 😉 ), sin sentar cátedra y facilitando que los propios niños tomen decisiones. Y diciendo la verdad.

Ahora sobrevuela mentalmente un día de tu vida y mira qué cosas sigues haciendo “porque se hacen así” “porque es importante” “porque lo he hecho toda la vida” “porque lo dice este libro” que no encajan con lo que realmente necesitas, o con el ritmo de la familia. Esa “rutina” que no te ayuda sino que te pone de mal humor, entorpece tu vida o fomenta los conflictos. Y atrévete a arriesgar con soluciones nuevas.

Ser esclavo de una rutina es perder el control de tu vida. Las rutinas no son buenas en sí mismas, sino que están a nuestro servicio. Tienen sentido en la medida en que nos ayudan a alcanzar los objetivos y organizarnos mejor, todo ello con buen humor y alegría (la mayor parte del tiempo). Lo dicho, atrévete a arriesgar con soluciones nuevas e implica a tus hijos.

 

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