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Miedo en las aulas

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Es muy fácil coaccionar a un niño desde bien pequeño, el miedo es una de las emociones más poderosas, porque su función primordial es garantizar la supervivencia.

Como sociedad con un estilo común y costumbres compartidas los miedos tienden a generalizarse dentro de ella, llegando a extremos bastante llamativos, especialmente en el momento de crisis que vivimos actualmente. Cuando se trata de nuestros hijos, y en el ambiente actual de incertidumbre es fácil dejarse llevar: miedo a que los hijos no tengan oficio ni beneficio, a que no se inserten en la sociedad, a que no encajen ni tengan su vida resuelta en el futuro… El éxito académico es hoy día la forma más extendida socialmente para acceder a formaciones superiores y al mercado laboral.

El temor al fracaso escolar es el origen para muchas familias de la presión que ejercen sobre sus hijos con los “estudios”. Si a esto sumamos la dinámica del aula entonces es comprensible que en Infantil y Primaria los niños tengan miedo.

El miedo es también una poderosa arma de control que es usada por muchos docentes para mantener a los alumnos “a raya”, con amenazas tan hilarantes como que “quien se porte mal se va a quedar sin regalos de Reyes”. Sin embargo los niños creen en lo que los adultos les dicen, precisamente por la autoridad que estos tienen sobre ellos y el vínculo que establecen.

El poder de los adultos para manipular a los niños proviene de algo evidente: no conocen la realidad en toda su dimensión ni el alcance REAL de aquello con lo que les asustamos. Sencillamente porque confían en nosotros y somos su guía para entender el mundo. Así, cuando les decimos que si sacan malas notas no hay consola, ni televisión, ni visitas a los amigos, les estamos diciendo que eso que hacen con tan bajo rendimiento es motivo de sanciones severas y que nuestro enfado se debe a algo muy malo que han hecho.

El miedo empieza enseguida, cuando muchos niños se incorporan a la escolaridad con 3 años y tienen que hacerlo con periodos de adaptación que sirven en muchos casos para que los maestros se adapten a 25 niños, pero no al contrario. Continúa durante esa etapa si en clase existe una “silla de pensar”. Además están las ocasiones en que el profe pierde los nervios y grita. Luego llegan las amenazas o los tiempos sin recreo por no terminar las fichas de clase. Y enseguida los exámenes, las notas, los avisos a papá y mamá, los comentarios delante de toda la clase, las etiquetas, desentenderse de los problemas o preocupaciones de los niños, los chantajes para poder ir a las excursiones si “se portan bien”, las redacciones y cuentas extra como represalia por el mal comportamiento… la lista es inmensa.

Leo y escucho constantemente a padres que se quejan de que aunque los deberes de su hijo son excesivos, éste prefiere hacerlos para evitar la ira del profesor. Una vez más intentando educar niños autónomos que no pueden ejercer esa autonomía porque obtienen sanciones con ello.

Niños que prefieren callar su opinión porque el profesor impone la suya y no duda nunca: lo suyo es lo que vale. La responsabilidad del profesor es crear en el aula un ambiente tal que los niños no solo tengan la opción de expresarse (y pueden elegir hacerlo o no), sino la oportunidad de tomar decisiones.

Lamentablemente lo más común es que los niños en el colegio tengan miedo. Quienes saben algo de inteligencia emocional o al menos autoconocimiento saben que el miedo bloquea a las personas, entorpece el aprendizaje y convierte transforma la estancia en la escuela en un tiempo de estrés tóxico que tiene efectos en los niños. ¿A alguien le extraña que cuando comienza el colegio lleguen los dolores de barriga, las otitis, las cefaleas y vómitos? Es cosa del sistema inmune, que aún no está maduro, justificamos. Perdón, este está siendo uno de los otoños más cálidos de los últimos años y tres semanas después de empezar el curso escolar los niños empezaron a desarrollar catarros y otras dolencias. A 24º de temperatura. Y es que el estrés mantenido deprime el sistema inmune, perjudica el descanso y aumenta la irritabilidad.

Sin embargo la escuela puede ser un lugar maravilloso para aprender y sobre todo para desarrollar el potencial de cada persona:

  • para eso los profesores tienen la oportunidad de facilitar y promover la participación de los niños en todo aquello que les afecta
  • abandonando las etiquetas que convierten al eficaz en prisionero de sus éxitos y al bromista en un payaso, al olvidadizo en un vago, al líder en un manducón…
  • sin calificaciones sobre cada “producto” de los niños, ya sea un examen, una redacción o un dibujo
  • escuchando de verdad y permitiendo que los niños se hagan preguntas en lugar de darles todas las respuestas, dándoles la opotunidad de decidir, acertar y equivocarse

El mayor miedo de todo ser humano es a encontrarse solo y no merecer el amor de los demás. En vez de usar eso para controlar a los niños (hasta que se cansan y empiezan a ver el mundo con sus propios ojos en vez de a través de los nuestros), permitid, maestros, que los niños se sienta acogidos y aceptados tal como son, acompañadles para que den rienda suelta a su talento y abandonad vuestro propio miedo para que el aula sea un espacio seguro y estimulante. Porque no, no se desmadran, recuperan la confianza en vosotros y en sí mismos y son felices aprendiendo.

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maria - Hola MªPilar: Me gusta mucho este post. Yo soy maestra de Educación Infantil y he descubierto que tengo (después de 10 años de profesión) muchas cosas que aprender…pero no sé por dónde empezar. En estos momentos me gustaría saber como acompañar emocionalmente de manera adecuada. Hay cosas que no entiendo muy bien, que no sé como encararlas. Por ejemplo cuando algunas personas basan su relación en buscarse pero a la vez no soportarse… yo no sé cómo tengo que actuar cuando sistemáticamente siempre Fulanita molesta a Menganita, cuando estas dos personas hacen “tonterías” como sacarle la lengua a la persona que les molesta.Son detalles que se pasan por alto en Infantil, pero que yo no sé qué tengo que hacer para escucharlos, recogerlos y tartarlos con la importancia que merecen, en fin estoy un poco perdida…

Mª Pilar - En un aula las ocasiones para acompañar a los niños son múltiples y es cierto que comportamientos como los que cuentas son pasados por alto y en algunos casos se convierten en “crónicos” en determinados niños. Cuando no entiendo algo de lo que hacen mis hijos sencillamente les pregunto ¿para qué (saca la lengua-insultas-etc)? ¿qué te ha pasado? y siempre los invito a expresar sus emociones en vez de reaccionar de forma automática, de forma que si están molestos puedan sacarlo fuera en lugar de “agredir” al otro (o a sí mismos). Tu duda es muy importante y te agradezco que la hayas reflejado con tu comentario. Un abrazo y a seguir adelante.

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