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El cachete hay que darlo en un ambiente de cariño

Viajando con Chester, el programa de Risto Mejide en la cadena Cuatro, entrevistó hace unos días a José Antonio Marina, un conocido filósofo español cuyas obras han recibido diversos premios. Es conocido también por su Universidad de Padres online. Te invto a que veas esa entrevista, al menos los primeros diez minutos en cuanto tengas un momento, para que entiendas exactamente a qué me refiero, tienes el enlace AQUÍ

La entrevista la ví en diferido después de leer algunos comentarios en Facebook sobre ella que alertaban sobre la defensa del “cachete” para educar a los niños. Así que me puse manos a la obra y no tuve que esperar demasiado: a los 5 minutos ya había dicho “una de las característica del cachete es que se tiene que dar en un ambiente de cariño”. Bien, una vez escuchado esto me resultaba difícil abstraerme del deseo de criticar todo lo que dijera durante la entrevista. Cachete y cariño no van de la mano, incluso aunque quienes lo hagan sientan cariño e incluso auténtico amor por su progenie. Estimar y respetar a alguien no libra de la responsabilidad de ser consecuente, y pegar a los niños, aunque sea con el objetivo de evitar ciertas conductas peligrosas o incómodas tampoco. Porque querer a alguien no justifica que hagamos de nuestra capa un sayo y demos por bueno aquello que a nosotros nos lo parece.

Pone como ejemplo dar un cachete en la mano a un niño para que no meta los dedos en un enchufe. Si algo me ha enseñado la maternidad es que las soluciones prácticas son mucho más eficaces y facilitan la crianza: si no quiero que mi hijo se tire a la piscina antes de estar preparado para ello no voy o le pongo un flotador homologado, si no me gusta que coma dulces a todas horas los elimino de mi despensa y los hago caseros, si no quiero que meta los dedos en el enchufe puedo pasarme el día tras él, yendo contra su curiosidad natural (recuerda que los enchufes están a la altura de los ojos de un niño que gatea y al alcance de la mano para niños pequeños) y dándole cachetes en la mano o puedo poner unos protectores que evitan el peligro. Porque lo cierto es que los niños según crecen pierden totalmente el interés por los enchufes, a no ser para conectar algún aparato.
Así que no, cachetes no, Sr. Marina, ni con cariño ni sin él. Además, ¿qué hace que un padre dé a un niño un cachete de advertencia para que no se electrocute y no le dé un cachete cuando esté realmente enfadado y frustrado porque la criatura pintó las paredes o esparció el yogur por toda la mesa, llenó la baza de papel higiénico o se comió todas las galletas que quedaban sin compartirlas con nadie?

Precisamente si en algún momento está justificado golpear a otro ser vivo es en legítima defensa ante la imposibilidad de defendernos de otro modo. Golpear, aunque sea en un ambiente de cariño, es un abuso de poder. Y quien no quiera verlo puede aplicar esa misma norma a las relaciones entre adultos: cachetes del jefe al empleado, entre los miembros de una pareja, de padres a abuelos y viceversa, en la cola del supermercado para que alguien no se cuele, entre profesores y alumnos de una escuela de adultos, de terapeuta a cliente… Ridículo ¿cierto?

¿Qué nos hace pensar que lo que vale para las relaciones sanas entre adultos es educativo para los niños y no tiene consecuencias? Jactarse tanto Marina como Mejide durante la entrevista de no tener secuelas por los cachetes recibidos en la infancia es otro de los “lugares comunes” de quienes no comprenden una realidad tan evidente como la que podéis leer en esta frase certera de Desireé Martínez, del blog Familia en tribu (gracias, amiga),

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¿Es posible que Risto Mejide no se sintiera humillado cuando lo golpeaban, rabioso, triste e impotente, frustrado y culpable?
Esos son los sentimientos que se generan en los niños cuando la corrección física es el sistema para evitar conductas. Cuando traspasamos ciertos límites entonces todo es subjetivo:
¿qué grado de intensidad tiene que tener un cachete? ¿en qué momento debe darse? ¿a partir de qué edad? ¿hasta qué años?

Tal como otras cuestiones no son relativas (no se tortura “suavemente” o “solo un poquito”) con las agresiones físicas no soy relativa. NO. Pretender educar niños pacíficos, respetuosos, flexibles, en en el futuro adultos en cuyas manos estará la marcha de la sociedad y el rumbo de la historia … por medio de cachetes correctores ¿seguro?

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