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El sentimiento tabú que los padres no confesamos y qué hacer con él

Hay en toda la conviviencia familiar un océano de emociones y sentimientos que nos van dando las claves para ir adecuando nuestras relaciones a las necesidades de todos, se trata de un complejo puzzle, o un castillo de naipes de delicado equilibrio. Y dentro de él está el sentimiento más fuerte, arrasador y desconcertante que experimentamos muchos padres: no soportamos a nuestros hijos.

¿A ti no te ha pasado? Es ese sentimiento de que todo lo que hacen nos molesta: la velocidad a la que comen o se visten, el tono de voz que usan, las demandas o peticiones de ayuda que nos sobrepasan, las responsabilidades del hogar que se nos vienen encima y nos apabullan, la necesidad de salir corriendo de casa.

Y lo “más peor” es el sentimiento de culpa que nos sobreviene encima de todo lo demás y que nos deja resentidos y bloqueados.

Las emociones nos enseñan qué nos beneficia y qué nos perjudica. Cuando llegamos a ese nivel de enfado en el que ni siquiera disfrutamos de estar con nuestros hijos entonces las alarmas hace tiempo que estaban encendidas y no quisimos verlas. No hablo de dificultades ocasiones, de los días que estás cansado o de las discusiones por los juguetes en el suelo sin recoger. Hablo de estar como una olla a presión ¡fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!

Ese estado repercute en nosotros y en nuestra salud, aunque tambien en cómo nos relacionamos con el resto de la familia, especialmente con nuestros hijos, que reciben malas contestaciones, caras ceñudas, llamadas de atención por cualquier cosa, censura y castigos y todos los improperios que salen de nuestra boca con cualquier motivo. Si yo fuera niño en ese momento me iría rápido a un lugar más seguro.

La buena noticia es que podemos hacer algo:

*revisar qué emoción es la que prima en mí en los últimos tiempos

*averiguar de dónde viene: falta de tiempo personal, estrés laboral o familiar, conflictos con personas externas, excesivo cansancio y falta de sueño…

*decidir si voy a mantener la situación o voy a hacer algo para cambiarla

*¿qué he aprendido de esta experiencia?

*actuar sobre aquello que causa mi malestar

Como colofón quizá podemos hablar con el resto de la familia y explicar lo que nos pasa, incluso ofrecer disculpas (¡glup!) . En cualquier caso, cómo me siento es responsabilidad mía. Ánimo.

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La mano que mece la cuna - […] 40. A mi me pasa que dan las 5 de la tarde y quiero, asi como mi hija, salir corriendo al parque. Pues todos estos sentimientos, cómo los manejas, de dónde vienen. De eso nos platica Pilar en su artículo. […]

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