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Lo que he aprendido siendo madre que me libera… o actitudes básicas para sobrevivir en una casa con niños

Hay muchas estrategias organizativas para mantener nuestra casa más o menos en orden: planificación de tareas, menús, calendarios, listas de la compra, fechas fijas para lavandería y limpieza…

Estas herramientas son geniales y nos hacen la vida más cómoda cuando en el hogar ya nos somos tú y yo -dos adultos- sino tú, yo, el niño, la bebé, la abuela, el canario…

Gracias a personas tan organizadas como Azucena Caballero o Meninheira he aprendido a buscar todo lo que iba a nuestro favor a la hora de ordenar comidas, ropas, limpiezas, citas y recados. Más aún, me han inspirado para buscar las soluciones a las características de mi propia familia con una casa amplia, cinco personas (tres de ellas niños) y un perro que también es parte de la familia, claro ;-).

Pero si algo de verdad ha transformado mi vida como madre y como co-gestora de este hogar es el cambio de actitudes:

  • La suciedad y las manchas son algo relativo, que no dura eternamente y que en los niños está socialmente tolerado, así que ¡viva la mancha! Comprobado: mientras tenga hijos menores de 6 años mi ropa llevará alguna mancha con un 90% de probabilidad
  • Las camas son agradables cuando están estiradas, pero nadie dijo que estirarlas por la mañana sea lo más efectivo: cinco minutos antes de ir a dormir tienen el mismo efecto acogedor y encima es más saludable y nos protege de alergias
  • Flexibilidad, flexibilidad, flexibilidad: tareas programadas para una hora concreta pueden durar dos, pero no pasa nada, entre mocos, “mamá, mira” y llantos por accidentes puedes terminar de vaciar el lavavajillas o concluir el capítulo más interesante de la última novela que te animaste a leer, lo que no sabes es cuándo
  • Creencias y Estimaciones son revisables: si esperas que una vez que dices “nos vamos a la calle” todos estaréis listos en diez minutos para salir por la puerta es que eres poco realista, y eso acarrea mucha frustración. Lo cierto es que menos de media hora (nosotros cinco podemos tardar bastante más) es casi imposible, a no ser que hubieras adelantado algunas tareas como  tener la merienda lista un rato antes, o  estar tú peinada, calzada y abrigada para salir con el fin de abreviar
  • Tu necesidad de orden no es la necesidad de tus hijos, cuanto antes lo asumas mejor. Ellos no dan importancia a la ropa bien doblada o los libros en las estanterías, ni se acuerdan de volver a guardar lo que sacaron del cajón. No es desidia o mala intención, es que están demasiado ocupados cambiando de actividad
  • Expectativas fuera: son un gran obstáculo para la serenidad de las madres y padres de familia, porque como buenos adultos programamos, calculamos, decidimos, intentamos… y la realidad es que en una familia la mezcla de caracteres, intereses y necesidades es tan rica que lo más positivo es adaptarnos y eliminar esas expectativas rígidas que nos hacen cabrearnos por cinco minutos de retraso, por las manchas en la ropa a tiempo y a destiempo y por el desorden en la habitación de los niños

Seguro que tú también has relativizado muchas de tus costumbres y expectativas desde que eres padre-madre. Para muestra un botón: este post ha tardado en salir a la luz una hora, y eso que sólo tiene 548 caracteres!

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Eva Moon - Ufffff…qué alivio leer post como este. Si más de una nos aplicáramos estos censejillos, qué felices serían nuestros hijos y cuántas rabietas (de niños y de adultos) nos ahorraríamos!
Muchas gracias por compartir estos trucos. Buen trabajo con el blog. Nos leemos pronto!

Mª Pilar - Con niños simplificar y relativizar muchas cosas es muy positivo, sobre todo porque ellos no tienen las mismas necesidades. Me alegra mucho que te haya servido. Y muchas gracias por tu comentario, que enriquece el blog y a todos los lectores. Un abrazo.

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