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“Mamá, no quiero ir al cole”: 3 razones de peso para que tus hijos no quieran ir al colegio

“Mamá, no quiero ir al cole”

¿Quién no ha escuchado esta frase alguna vez de boca de sus hijos? Varias veces al año o varias veces al mes, dependiendo de cómo se sienta en el colegio.

Porque no nos engañemos, a los niños también les cuesta madrugar, seguir rutinas cinco días a la semana, estar sometidos a los horarios, carecer de espacio y tiempo de juego suficiente…

Ahora que mi hija mayor tiene 9 años y que soy capaz de recordar a partir de sus palabras cómo me sentía yo en la escuela, me hago una idea de las razones por las que un niño no quiere ir al colegio. Como todo en esta vida, es relativo, porque cada familia y cada niño, cada experiencia escolar, es diferente.

Sé que mis hijas hasta ahora han tenido mucha “suerte”: la suerte de tener maestros con los que se sienten a gusto, respetadas y escuchadas. Eso no quita para que algunas cosas sean mejorables:

  • madrugar días tras día, de lunes a viernes, durante 9 meses -con los descansos vacacionales pertinentes- es agotador para ellos: tengo comprobado que su ritmo biológico no es ese, levantarse a las 7.55 todas las mañanas les pasa factura, su energía disminuye, bajan sus defensas, terminan por enfermar… ¿cuál es la solución? Yo no la tengo, aunque intuyo que un horario menos madrugador les vendría de perlas, además de concentrar menos los tiempos de descanso vacacional, de modo que puedan dedicar más días a levantarse cuando lo necesitan y dejar de marchar a golpe de reloj.
  • “¡mamá, tengo que presentar ese trabajo porque si no…!”: los niños son fácilmente manipulables a través de amenazas veladas y coacciones. Cuando tienen una obligación y una posible sanción pendiente sobre su cabeza se angustian con una facilidad asombrosa, no les gusta sufrir las consecuencias de un adulto cabreado que tiene el poder sobre ellos, que puede sancionarlos según sus propias normas… y entonces lo que podía ser una responsabilidad compartida con sus compañeros y maestros se transforma en una obligación y en un peligro. Yo aún recuerdo las cosas que dejaba de hacer o que escondía para evitar castigos o simplemente para no ver enfadados a mis padres o profesores, y es una tensión que no deseo para mis hijos.
  • hace tres o cuatro años (pasada ya la treintena) empecé a experimentar algo asombroso: de repente me interesaba todo, desde el arreglo de un electrodoméstico, hasta el funcionamiento de una colonia de hormigas o la creación de tonos de una pintura de pared. Todo. Es más, empecé a sentirme capaz de comprender y emprender casi cualquier tarea, y la que quedara fuera de mi alcance no me preocupaba ya que era consciente de que algunas cosas no deseaba hacerlas (como hacer puenting). Me pregunto: ¿qué efecto tuvo en mí la educación escolar que me llevó a dejar de sentir interés por aprender todo aquello que se saliera de mi reducido círculo de intereses? Tampoco quiero eso para mis hijos, porque veo cada día su afán por entender y aprender de casi cualquier cosa que les rodea y no deseo que maten ese estado natural en ellos.

Saber y entender todo esto ha sido la llave para empezar a acompañar a mis hijos en su experiencia escolar de un modo distinto, planteado desde la libertad y sin dejarme llevar por lo que siempre ví hacer a mis progenitores o es lo socialmente bien visto: presionar con los exámenes, los deberes, el respeto a cualquier norma aunque choque con la conciencia de uno, “fiscalizar” cada cosa que hacen en el colegio, interrogar sobre cada día de escuela, dar sermones sobre cómo comportarse “bien”…

Quizá por eso mis hijas me cuentan lo que viven en el colegio… y si no me lo cuentan no me inquieto,

Y hacen las tareas escolares con rapidez y diligencia… y si no lo hacen no tiene lugar un drama

Y son sinceras sobre sus sentimientos y experiencias…

Y tienen criterio propio sobre lo mejor y peor del colegio y sobre la actitud de compañeros y maestros…

No creas que todo fue fácil, los primeros días de los deberes hubo varios conatos de tragedia, pero estaba decidida a no permitir que eso enturbiara nuestra vida familiar, ni a convertir el asunto educativo en el eje de nuestra vida y de la vida de mis hijos. Ese día tomé una gran decisión.

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Claudia - Interesante tu testimonio, realmente es liberador cuando alguien te dice que los deberes de la escuela mo interfieran en una buena relacion familiar, uno siente como baja la carga, desde que entendimos la importancia de esto, mi hija es cada vez mas responsable de sus elecciones y nosotros hemos experimentado que lo mas importante es lo que viven en casa, lo que aprendemos en casa no lo deshace la escuela no se puede delegar en la escuela la vida de lls hijos, el poder es nuestro.
Espero que este taller sea un rotundo exito.

isa - Estoy completamente de acuerdo con el tema de los horarios. Mi hija desde los 3 anios ha tenido en la escuela un horario horrible entra a las 7.40. Para empeorar las cosas ahora en el sistema eduxativo ecuatoriano son 10 meses de clases dividido en dos quimestres. La nina esta completamente hastiada de la escuela y la verdad la comprendo. Pasa todoel tiempo mal genio y cansada. Pobrecita. Ojala en algun momento elministerio de lrducacion comprenda las necesidades fisicas de los ninos y cambien esto.

Mª Pilar - Esta es la realidad en muchos lugares, confundir la escolarización con éxito en el aprendizaje, sin tener en cuenta las necesidades de los niños. Es cuestión de plantearse en ocasiones si merece la pena asumir estas imposiciones con el coste que tienen para nuestros hijos. Gracias por comentar Isa. un abrazo.

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