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Los errores más comunes cuando los padres hablamos a nuestros hijos

 

Hablar con los niños puede ser bastante frustrate… o bastante fácil, según se mire. Y es una cuestión importante, la de la comunicación, porque de cómo lo hagamos depende que tengamos una relación fluida, en la que unos contemos con otros. ¿Tienes trucos o herramientas para comunicarte con tus hijos de forma eficaz y conseguir un diálogo fluido? Yo he avanzado después de cometer errores y ser consciente de los patrones que estaba repitiendo aprendidos a lo largo de tres décadas de vida, aquí están:

1. Los niños tienen una vida interior muy rica y compleja (¿recuerdas cómo veías tú el mundo desde bien pequeño, las dudas, los descubrimientos…?), tienen sus propias hipótesis sobre el funcionamiento del mundo, unas veces acertadas y otras no. En cualquier caso son las suyas y las van modificando a medida que crecen. Pero los adultos tendemos a infravalorar toda esa riqueza personal y no respetamos demasiado sus puntos de vista, los corregimos constantemente, nos reímos de sus ocurrencias (aunque no estén haciendo chistes) y eso puede acabar con las ganas de comunicarse de cualquiera.

QUÉ PUEDES HACER: Ser respetuoso con lo que te cuenta, con lo que piensa y con lo que siente, escucharlo con cariño de forma activa

2. Como te decía ellos buscan una explicación a lo que les rodea, y si no la encuentran suelen preguntar. Pero solemos adelantarnos y darles toda clase de sermones sobre esto y lo otro, sobre cómo funciona un motor o qué son los puntos brillantes del cielo en una noche oscura apostillando lo que ellos han expresado, o incluso sin que hayan preguntado nada.

QUÉ PUEDES HACER: Escuchar sin dar respuetas que no han pedido o sin dar lecciones, lo que requiere una gran control, sobre todo al comienzo. Cuando lo consigas empezarás a valorar sus puntos de vista, a asombrarte ante las hipótesis con las que intenta explicarse lo que acontece a su alrededor y a atenderlos con calma y respeto.

3. Tenemos cierta tendencia a “sospechar” cuando se enfrascan en una tarea que no controlamos, hacemos preguntas retóricas (“¿te parece bonito lo que has hecho”?) y a reñirlos ante cualquier contratiempo, olvidando que los niños necesitan tiempo para aprender las normas, el funcionamiento de una casa y qué nos gusta y qué no.

QUÉ PUEDES HACER: Cuando quieras saber qué está haciendo acércate y pregunta, para saber realmente en qué andaba ocupado, olvídate de buscar “culpables”, mejor encontrar soluciones a los problemas; y sobre todo, orienta a tu hijo en lugar de amenazarlo

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