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¿Conoces tus barreras para educar niños libres?

Cuando miro a mis tres hijos con un poco de calma, desde la distancia que da el verlos enfrascados en una tarea o en un juego mientras yo puedo dedicarme a no hacer nada (cosa bastante rara, por cierto), entonces surge esa emoción que experimentamos los padres al contemplar a nuestros hijos con ternura y orgullo. Suelo disfrutar del momento con deleite; en ocasiones me asaltan los temores sobre el futuro: ¿sabré educarlos bien? ¿serán felices? ¿podrán desarrollarse plenamente y en libertad? Es uno de los grandes valores de nuestra sociedad y de la educación, pero ¿qué barreras existen para lograr educar a los niños en libertad?

1. Nuestro falta de libertad personal: es fácil decir a los niños lo que tienen que hacer, seguimos las pautas que usamos para nuestra vida. En realidad es el modo habitual de hacerlo, según nuestra cultura, costumbres, experiencias y conforme a lo que nosotros esperamos que consigan en su vida. El problema llega cuando nosotros mismos no estamos en el lugar vital que necesitamos o queremos, sino en aquel que hemos permitido que otros elijan por nosotros, o que han elegido nuestros miedos. Sin práctica y experiencia en la vida en libertad es muy difícil la crianza de nuestra descendencia sin la influencia de los esquemas rígidos, los temores y el miedo a esa libertad que no vivimos  nosotros. Quizá ha llegado el momento de revisar si la vida que tienes es la que deseas y si estás dispuesto a dar un paso adelante para ser realmente libre.

2. El miedo al qué dirán: Aquí es donde solemos jugárnosla más a menudo con actitudes infantiles, poco maduras, en las que revelamos claramente la esclavitud en que vivimos muchas personas, prisioneras de la opinión de otras personas: en el vestir, en el peinado, en el estilo de vida, en la elección de un trabajo o un proyecto, en el momento de tener pareja o hijos. Perdemos gran parte de nuestra libertad para elegir y proyectamos nuestro miedo a la crítica en lo que hacen nuestros hijos. Les enseñamos a estar pendientes de lo que otros puedan opinar si no conjuntan bien su ropa, se peinan de un modo extraño, no son corteses con todo el mundo o eligen aficiones o estudios extraños. ¿Eres consciente de la cantidad de veces que les dices a tus hijos que no hagan algo, solo para que otros adultos no piensen que eres mal padre-mala madre?

3. Desear darles lo que no tuvimos: es una proyección de los anhelos no cumplidos, cuando tratamos de vivir la vida que no logramos a través de las elecciones y decisiones de nuestros niños. Una usurpación que podemos pagar cara, que genera conflictos entre padres e hijos, que adultera la relación familiar. Es un reto grande acompañarlos para que desarrollen todo su potencial y se dediquen profesional y vitalmente a aquello que les da más felicidad, abandonando la tentación de cumplir nuestros sueños si ellos son los bailarines, profesionales de éxito, personas socialmente respetables e influyentes, que no fuimos nosotros.

 ¿Cuáles son tus obstáculos?

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