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Familias con niños hiperestimulados ¿también en verano?

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Estaba hace un rato jugando con mi peque de año y medio y me dí cuenta de que estábamos mirando un cuento y escuchando música a la vez. En ocasiones estoy al ordenador, la música suena en el aparato de CDs, y en el salón alguien tiene la televisión encendida. O entro en las redes sociales a través del móvil mientras pasan una película. Esta sobre-estimulación que los adultos somos capaces de soportar se convierte en un estilo de vida que contagiamos a los niños.

Nuestro mundo desarrollado está lleno de avances tecnológicos, nuevas disciplinas deportivas y del saber, cambios sociales… y sin reflexionar demasiado sobre ello metemos a nuestros hijos en una vorágine de clases extraescolares, eventos, pantallas y tecnología, para la que es bueno que estén preparados, aunque sin perder lo que realmente necesitan para desarrollarse de forma armónica y según sus necesidades.

Me pregunto: ¿preferimos sacrificar la necesidad de sol, aire y juego en nombre de la formación y la competitividad? ¿Para qué?

Todas las familias se quejan de que están de un sitio a otro todo el día, parece una obligacion o un sino de los padres desde que el niño empieza a hacer actividades fuera del hogar hasta que es suficientemente mayor para ir y venir sólo o con sus propios medios. ¿Es una necesidad impuesta por nuestra sociedad, nuestro estilo de vida, nuestra hiperpreparación?

Se acerca el verano y un tiempo que podrían aprovechar las familias para disfrutar juntas sigue estando lleno de campamentos para niños (¡durante 8 horas!) y actividades de todo tipo. Es cierto que muchas familias no tienen más remedio si quieren que su hijo esté atendido mientras trabajan. Pero no es menos cierto que muchas otras lo hacen para que los niños “no se aburran” o “aprovechen el tiempo”. ¿Qué criterio usar? Esto hacemos nosotros y hacen muchos otros para evitar convertir su vida familiar en una carrera constante incluso en época de descanso:

  • no obligarlos a realizar una actividad que les desagrada o para la que no tienen motivación o interés
  • consultar con los niños si desean realizar alguna actividad de las muchas que están a su alcance desde diversas entidades y ayuntamientos
  • elegir una actividad de su interés que les ocupe poco tiempo semanal
  • priorizar las actividades personales y familiares al aire libre
  • facilitar largos tiempos de juego libre con materiales y en la naturaleza

Un poco de estimulación es bueno. Y creemos que el doble también lo será. Lo irónico es que los hijos nacen programados para buscar la estimulación que necesitan para desarrollar su cerebro y su cuerpo. Ocurre desde hace siglos. Y pueden encontrar lo que necesitan en la vida cotidiana, haciendo cosas muy sencillas y en contacto con los padres y los amigos. Pero eso lo vemos como algo insuficiente. Y entramos en estimulaciones excesivas y artificiales, como los juguetes electrónicos que prometen desarrollar el coeficiente intelectual. Cuando es una mentira.

Estamos tan enloquecidos como padres y tenemos tanto miedo al fracaso que aceptamos cualquier oferta que nos promete más estimulación. En esta búsqueda frenética de perfección estamos sacrificando cosas muy valiosas e importantes para los hijos.
¿Y tú, has caído en la tentación?
Mª Pilar Gómez

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