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Problemas de pareja: el príncipe que se volvió rana

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Es el pan nuestro de cada día: mujeres que están totalmente implicadas en el cuidado de su bebé. Y que se sienten solas. Porque cuando su pareja está en casa no colabora de “motu propio”, ni se hace cargo apenas del bebé. Porque reciben comentarios sobre lo incomprensiblemente “tardonas” que son para arreglarse y dejar al niño con la abuela antes de salir un rato en pareja. Porque se hacen cargo del cuidado de la criatura, algunas también trabajan fuera de casa o tienen un emprendimiento propio desde el hogar, ponen lavadoras, cocinan, velan el sueño y la enfermedad de su hijo y reciben poca o ninguna colaboración.

¿Qué está pasando? ¿Los hombres jóvenes continúan siendo unos niños grandes consentidos sin capacidad para comprometerse? Es probable

Parece que no hayamos cambiado tanto después de todo, en lo que a igualdad en la familia se refiere. Podemos echar la culpa a la educación familiar, a la falta de igualdad entre hombres y mujeres en la sociedad, a la capacidad de escaqueo de muchos varones…

¿Las mujeres se hacen cargo de todo, como hicieron sus madres y abuelas? Eso parece

Cuando nos enamoramos y después decidimos vivir en pareja lo hicimos con ilusión y quizá con un poco de poesía pensando en el principe azul que nos había tocado en suerte, con el que seríamos siempre felices, comeríamos perdices y daríamos a todo el mundo con un plato en las narces. El problema es que con la llegada de los hijos, el príncipe se volvió rana.

Sin embargo, es más positivo hacernos nosotras mismas cargo de la situación. Y eso empieza por la comunicación y por pedir ayuda. No sé si al resto le ha ocurrido igual, pero a mí y a mi pareja nos ha llevado un tiempo “aprender” a charlar sobre las cuestiones de organización de la casa. Aunque lo más complejo ha sido ser capaces de sentarnos uno junto a otro para contarnos lo que nos preocupa, cómo nos sentimos y qué necesitamos.

Sí, así de sencillo. No puedo esperar que la otra persona adivine que estoy agotada y me vendría de perlas que preparara una sopa mientras doy de mamar al bebé. O que la lavadora no se enciende sola y que la montaña de ropa sucia alcanza ya un metro de altura.

Puedo seguir molesta porque no se acordó de guardar en el frigorífico la comida que sobró de mediodía, de doblar la ropa del bebé, o no me sugirió quedarse un rato con los niños mientras salgo a despejarme. O puedo hacerme cargo de mí misma y de mis sentimientos y necesidades. Puedo hablar con él, llegar a acuerdos, buscar mis espacios y tiempos.

Mª Pilar G. San Miguel

Crianza En Familia

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Blanca - Mi caso ha sido este, pero lo cierto es que mi ex ya era algo “rana” antes de nacer mi hijo, lo que yo no lo quise ver y como mi vida era solo el trabajo……………pasaba desapercibido. Cuando nació el niño, se mostró en todo su esplendor, y llamarlo rana es poco, mejor sería llamarlo ” SAPO”. Intenté en infinidad de ocasiones hablar del problema y……………………ni caso, al contrario, cada vez era peor. Ahora sigo igual, ocupándome de todo yo sola, pero SIN EL ZÁNGANO que revoloteaba todo el día por casa. Se había convertido en un “mueble” más de la decoración, estaba totalmente integrado en el sillón y en el dormitorio. Besos.

pilar - Creo que esta situación es bastante común en aquellas parejas en las que el compromiso en la crianza esta muy descompensado del lado paterno. Has sido valiente al dejar de cargar con una persona tan poco dispuesta a participar en la familia. Gracias por tu comentario, un abrazo.

Blanca - Gracias.

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