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El castigo ¿para educar?… ¿o para des-educar?

castigo

Muchos padres nos enfrentamos a la disyuntiva de cómo hacer que nuestros hijos nos obedezcan y de qué hacer cuando no lo conseguimos. Es posible que la razón por la que seguimos usando los castigos como algo inherente a la infancia y a nuestra tarea educativa sea su aparente efectividad, o quizá porque fuimos educados así y lo vemos como algo natural.

En cualquier caso el castigo es poco educativo y no llega a la raíz del problema: como mucho el niño dejará de hacer cierta conducta por miedo al castigo, no porque tenga alternativas a dicha conducta o porque haya reflexionado sobre lo bueno o malo de lo que ha hecho. Especialmente si se trata de castigos físicos. Y en muchos casos aprenderá a llevar a cabo las conductas que sabe que están prohibidas de modo que no lo pillemos infraganti.

En una ocasión un experimentador en psicología pidió a 35 niños que participaran en un juego en el que iban a ganar muchos premios. El truco del experimento consistía en que falsificando las puntuaciones y siendo deshonestos podían conseguir los premios. El experimentador predijo que los niños que habían recibido una advertencia moderada serían los que menos falsificarían las puntuaciones, mientras que los que habían recibido la advertencia más enérgica serían los más tramposos. Su predicción se cumplió.

La realidad es que cuando un niño, a partir del año y medio, hace caso omiso a nuestras indicaciones, normas o prohibiciones, se enciende el semáforo rojo en nuestro cerebro y lo que sentimos es una gran inseguridad y el miedo de no saber “controlarlo” , de que “se nos vaya de las manos”. Éste miedo es el que nos hace mayoritariamente acudir al castigo como un modo de coaccionarlo.

Cuando el uso del castigo es habitual termina convirtiéndose en una vía de escape, y en algo:

  • arbitrario (“¿has derramado la leche? pues te quedas sin dibujos”)
  • desproporcionado (“no has terminado las croquetas, métete en el baño y sales cuando yo te diga”)
  • dependiente de normas impuestas por los padres en el momento
  • que se usa conforme al estado emocional del adulto que sanciona
  • y no tiene en cuenta las características de cada niño como la edad o la situación que ha generado la conducta

Últimamente se oye hablar mucho del “time out” o la “silla de pensar”, un castigo que nos parece más ligero y respetuoso: se recomienda a partir de los dos años y consiste en sentar a un niño en una silla en un lugar sin distracciones cuando ha hecho algo que no nos gusta, de modo que reflexione sobre ello y no reciba atención. Voy a contar una anécdota con mi hija pequeña que ilustra bastante bien la utilidad de esta herramienta. Con tres años y medio su maestra la hizo sentarse una vez en la silla de pensar por subirse a una barandilla. La pregunté:”¿y pensaste algo, cariño?”. Su respuesta: “Sí, que no quería estar allí, que quería irme a casa”. Ni asumió que no debía subirse a la barandilla, ni reflexionó sobre el acto que había dado origen al castigo, ni comprendió que subirse podía ser peligroso para ella.

Desde el ámbito de la P¡sicología y la Educación se han hecho aportaciones muy extensas sobre los tipos de castigo, el modo de aplicarlos, cuáles son los más adecuados a edad y circunstancias de los niños… podéis encontrar información fácilmente en la red.

Pero yo os voy a dejar algunas razones para no usar los castigos:

  • Enseñan que se deben cumplir las normas para no recibir el castigo, cuando desaparezca el castigo, desaparecerá el cumplimiento de la norma
  • Es muy difícil ser “justo” con los castigos, porque no son iguales las situaciones. Además, siempre hay un margen de error, el acto es evaluado y enjuiciado desde fuera y las más de las veces falta información
  • Es muy difícil establecer límites en los castigos: a mayor delito, mayor castigo… ¿hasta dónde?
  • Se imponen, nacen del poder, de la fuerza y resultan humillantes y alienantes. Como un tortazo, un castigo es la prueba obvia de que el que lo impone se quedó sin argumentos, se siente desarmado y es solo por la fuerza que se considera con capacidad para imponer su criterio
  • Dejar claro a tu hijo que nunca debe tenerte confianza, ya que ante sus errores puedes tomar represalias
  • Generan rabia y deseos de venganza en el niño. Se bloquea con esos sentimientos y le impiden aprender que lo que ha hecho no ha estado bien. Siempre se ven los castigos como algo injusto o desproporcionado y eso da más motivos para seguir insistiendo intentando que no le pillen
  • El castigo implica culpa, no responsabilidad y es preferible niños responsables a niños culpables
  • Ocupa el lugar de una actitud creativa donde se debería buscar vías alternativas a la situación

Y tú ¿usas los castigos? ¿Son efectivos?¿Qué mensaje crees que recibe tu hijo/alumno cuando lo castigas? ¿Hay algún castigo que consideres más adecuado?

Mª Pilar Gómez

Crianza En Familia

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Inmaculada - ¿Cómo? Por ejemplo, un niño pide atención continua, y cómo lo hace: chillando o dando patadas. ¿Qué hago? Primero, me aseguro de que tanto él como aquellos a su alrededor están fuera de peligro, a la vez que ignoro su conducta. Segundo, le doy toda la atención del mundo cada vez que su conducta es adecuada. Poco a poco, irá (él mismo) modificando su comportamiento al comprobar que la segunda alternativa le aporta mejor resultados que la primera. Es un proceso lento, pero a la larga da resultados muy satisfactorios.

Otro consejo: no actuar inmediatamente que se dé el incidente, ya que las probabilidades de cometer un error en el tratamiento del mismo es muy elevado, es decir, pospón tu reacción, lo que denominan en inglés “time out”. Asimismo, habrá que identificar la raíz del problema para aquellas conductas que se repitan con frecuencia: crea un registro en el que se especifique el/los antecedente(s)/conducta/consecuencia de la situación. Este método puede ayudar a manejar situaciones conflictivas y conseguir un cambio en la conducta…

pilar - Inma (¿de Cantabria?;-)), esos métodos son efectivos cuando un niño se ha instalado en esa conducta por falta de atención,o porque la obtiene sólo en esos momentos. Por mi experiencia un niño que ocasionalmente pide atención de ese modo es porque no la tuvo cuando la necesitaba y se “portaba bien”. En esos casos un abrazo es lo más efectivo y lo que está pidiendo a gritos, literalmente. Gracias por tu comentario. Me gustaría seguir leyendo tus aportaciones. Un gran saludo.

Natalia - Es tan sencillo como que si el niño pide atención continua no es porque quiera fastidiar o manipular, es porque la necesita, necesita un adulto que lo mime, lo abrace, lo quiera, juegue con el, le preste toda la atención del universo (a todos nos gusta eso, a los niños mas)… y con esa crianza consigue lo contrario, un adulto que le ignora.
Esa forma de ignorarle ante lo “malo” y atenderlo ante el supuesto acto adecuado es una crianza conductista que va en detrimento de la libertad de ser y del desarrollo de cada niño pues solamente premia los actos que los adultos consideran “buenos” de esa forma el niño no actua “bien” porque reflexione o razone sobre ello, sino por agradar a sus figuras parentales o cuidadoras… no se que resultados positivos tendrá pero si se que el niño sacrificará su yo por agradar a los demás… además de que desconoce que el niño necesita (necesidad) mucha atención y amor, sobre todo en los momentos donde sus emociones se desbordan y no son tenidas en cuenta… luego en un futuro nos quejamos de unos adultos que no son empaticos, que no se preocupan por los demás, indiferentes ante el sufrimiento ajeno…

pilar - Natalia, totalmente de acuerdo. El presente con nuestros hijos puede marcar su futuro mucho más de lo que imaginamos. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo.

Francisco Gómez San Miguel - Mientras sigamos tratando de que los niños obedezcan y hagan lo que nosotros necesitamos en lugar de lo que ellos necesitan, cualquier método imaginable cosificará y robotizará a los niños, no considerándolos verdaderas personas, sino lacayos.
Un castigo se corresponde con lógica a una falta de respeto, pero jamás a una falta de obediencia.
Es como si nos metieran a la cárcel por suspender el carné de conducir, por no ir a misa o tener la vajilla sin fregar. ¿Por qué damos validez en la educación de los niños a comportamientos que consideramos ilícitos en los adultos? Si un adulto decide cuándo necesita comer más…¿para qué los niños siempre deben tragar otra cucharada más?

http://www.educarconexito.com

pilar - Ahí está el quid de la cuestión: que cada quien tenemos unas necesidades. El encaje de bolillos es cuadrar las de cada miembro de una familia… Y sí, lamentablemente los niños suelen tener que comer un poco más, dormir un poco más, estarse un poco más quietos, obedecer cuando les dicen, prestar sus cosas si se las piden, dar siempre las gracias, poner buena cara aunque les tomen el pelo… cosas que nunca haríamos los adultos. Gracias Francisco, por profundizar en la cuestión.

silvia - Hola Pilar;

Yo con Clara que ya ha empezado con el tema de las rabietas no uso con ella el castigo porque estoy completamente deacuerdo en que no sirven para nada, yo más bien lo que hago es que poco a poco vaya entendiendo que sus actos tienen consecuencias. Por ejemplo: el otro día se enfadó y tiró un plato al suelo y lo rompió obviamente. Pues yo no me puse a gritar como una energúmena como hacía mi madre conmigo sino que pacientemente le expliqué que si estaba enfadada no tenía que pagarlo con el plato, que se ha caído, se ha roto y que ahora para que nosotras no nos hicieramos daño teniamos que recoger; si no lo hubiese tirado no lo tendríamos que recoger y ese tiempo lo hubieramos dedicado a jugar con las muñecas.
Gracias por estar ahí. Saludos.

Ana - Gracias por este espacio para compartir. Yo tengo 2hijos, 2 y 6 y tampoco los castigos son la dinámica de casa.
Cuando tenemos una situacion de conflictos me acerco a el niño, y le abrazo si no lo rechaza (que es el caso del pequeño a veces) y ahi le acompaño con un poco de silencio. Le pregunto que ha pasado (su punto de vista si es que ha sido un conflicto con otra persona), y dejo que se exprese. El pequeño tiene mucha necesidad en esos momentos de explicarme como sucedió, donde se ha hecho daño y con que, como describiendo a todo detalle. Hablamos y le pregunto el por que del conflicto, de como se siente, de como cree que se siente la otra persona (si la hay), de las consecuencias que tiene ese acto, … Y acompaño sin juzgar, dejándole que llore si lo necesita, y sin transmitir mi sentimiento.
Cuando se ha sentido acompañado en ese proceso a veces hasta salen dando un salto de mi regazo a jugar.
Yo no les voy a resolver sus conflictos, solo guiarles y darles la seguridad de que estoy ahi. Una vez ellos se sienten que yo estaba ahi, aprenden a tener herramientas para resolverlo por ellos mismos y tener empatía.
Aunque es una tarea muy constante y agotadora (implica un trabajo personal consigo misma)! Los resultados son fabulosos, yo lo veo!!.

Un otoñal beso

Mª Pilar - Ana, muchas gracias por contar tu experiencia, es fantástico que quien acompaña a sus hijos cuente que de verdad esto funciona, que no es necesario castigar. Un abrazo

maria celeste - Hola, gracias por toda la informacion que nos brindas, queria consultar si te parece adecuado y respetuoso con el peque lo que hago, tiene 20 meses y algunas veces pega a otros niños, se que no lo hace para hacer daño y que solo quiere jugar, pero para hacerle ver que debe cambiar el tortazo por un abrazo lo aparto un poquito conmigo y le digo que este tranquilo y que lo que ha hecho puede hacer daño, y luego volvemos a jugar, esta bien mi planteamiento? Desde ya gracias por tu atencion

Mª Pilar - Celeste, detener una agresión a otro niño cuando se trata de peques de corta edad es una buena solución, especialmente si el otro niño aún no tiene herramientas para defenderse o evitar la agresión. Y prestar atención a qué pudo originar el golpe para que pueda desahogarse o sacar su energía de un modo respetuoso hacia él mismo y los demás. Actuar con calma es una excelente respuesta, gracias por compartir tu experiencia. Un abrazo!

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