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Los niños y la muerte: pérdidas en el embarazo

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Hoy he sabido que una mami que estaba esperando ha perdido su bebé. Es amiga del barrio, tiene una niña que juega con mis hijas a menudo. A esta niña ya la había contado la próxima llegada de un bebé a la familia, y todos estaban encantados: la abuela, los padres, la tía, el abuelo…

 En la conversación de esta mañana con la abuela me contaba que el fin de semana la mamá estuvo en el hospital por fuertes dolores hasta que la hicieron un legrado. La niña se quedó con los abuelos aquí, en el barrio pero no la explicaron nada, sólo que “mamá tiene que ir a ponerse una inyección”. Y que no habláramos del tema delante de la niña para que se la fuera olvidando que iba a llegar un hermanito.

 Periódicamente me encuentro con adultos que tratan de ocultar a sus hijos o nietos sucesos desagradables o que piensan que los pueden traumatizar y causar tristeza. Y mi experiencia y mi formación me dicen que la realidad es otra:

  • los niños necesitan saber, y si no saben captan subconscientemente la pena del resto de la familia, y el lenguaje no verbal que la acompaña: las miradas, gestos, silencios, conversaciones eludidas, lágrimas furtivas…
  • son capaces de “sobrevivir” emocionalmente a situaciones de dolor cuando se les comunica con un lenguaje que puedan comprender
  • hablar de la muerte evita los tabúes y limitaciones a la hora de vivir los sentimientos que genera

Puede ser un embarazo perdido, una mascota fallecida, la muerte de un familiar o amigo… Queremos que nuestros hijos estén preparados para la vida, pero tendemos a “evitarles” sufrimientos y frustraciones que suceden de forma natural, que son inevitables y que se van a encontrar muchas veces durante su vida.

Puede que detrás de esta sobreprotección exista miedo por no saber cómo acompañar bien a los niños en la expresión del dolor y las emociones que los embarguen, una huida frecuente del llanto compartido, de la expresión de tristeza ante nuestros hijos… y contrariamente a lo que pretendemos la evitación no ayuda a los pequeños ya que tendrán pocas herramientas en el futuro para afrontar situaciones dolorosas si no las han vivido antes o si han crecido huyendo de ellas.

Maria Pilar Gómez

Crianza en Familia

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