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Los niños y la crisis

Estamos en una situación económica y política de crisis.
El mundo financiero da bandazos como nunca antes en función de las palabras y decisiones de los políticos de mayor peso.
Los agentes especuladores aprovechan la ocasión para enriquecerse.
Parecemos inmersos en una estructura que nos ata, decide por nosotros y nos aplasta.
Muchas familias que antes tenían una posición desahogada se encuentran ahora en el límite de ingresos para sobrevivir, incluso todos sus miembros en edad de trabajar pueden estar en paro.
Jóvenes preparados para desarrollarse profesionalmente y aportar su saber a la sociedad emigran en busca de un empleo.
La sanidad, la educación, la investigación… en la cuerda floja.
Ante este panorama muchos padres de familia se preguntan por el futuro de sus hijos, por las cargas que tendrán que soportar durante las próximas décadas, y que quizá, influyan en sus posibilidades para desarrollarse. Para ser felices.

Los niños oyen hablar de la crisis a todas horas (o bien la viven en sus propios hogares), y entienden que eso es cosa de dineros, gente expulsada de sus casas, personas sin trabajo… al menos es lo que entiende mi hija de 8 años. También es cierto que las malas noticias, la ansiedad y la precariedad por la depresión económica tienen un impacto en ellos: niños que cambian su alimentación, sus oportunidades de ocio, su domicilio, … unas veces por falta de recursos económicos y otras por precaución y miedo.
Si nos agobiamos los adultos ¿cómo no va a llegar a los niños?Ante el aluvión de informaciones es nuestra responsabilidad no agobiar a los niños y seguir creyendo que es posible salir adelante, porque realmente esto es así: ellos más que nadie tienen la oportunidad de ser personas emprendedoras y creativas que luchen por cumplir sus sueños y vivir según pasión.
¿Cómo reaccionar ante la realidad, como ofrecerles pistas para entenderla sin que tegan efectos nocivos en ellos?:
  • la comunicación, ya que todo esto puede influir en las relaciones y el clima familiar. Con claridad, y con prudencia, en función de la edad de los niños: no es lo mismo hablar sobre la crisis y sus efectos con niños de 5 años, que aún tienen difusa la línea que separa realidad y fantasía, que con los que tienen más de 8 ó 9 años.
  • dejar fuera de casa las tensiones que nos causan los efectos de la criris, preservando la armonía, la unidad y el diálogo.
  • mantener el afecto hacia los hijos y expresarlo, de modo que quede preservado su espacio en el clima familiar, apostando por lo emocional frente a lo material.
  • creer en las posibilidades que tenemos para ser creativos y encontrar soluciones a laas dificultades, cultivando esta característica en los niños.
 Mª Pilar Gómez San Miguel

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