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Límites: 4 errores que puedes evitar con tus hijos

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“El tratamiento que solemos hacer los adultos del tema de los límites suele ser unidireccional, los adultos ponemos los límites y solemos encontrar problemas en ello, tal y como ha ocurrido siempre en el ámbito familiar. Sin embargo hoy día parecemos tener mayores problemas. Esto se debe a que las normas sociales y las familiares ya no coinciden tanto como antes. Por otro lado hay menos modelos de sometimiento para los niños, con lo cual muestran menos miedo y respeto a la autoridad.

Aun así la idea de que los adultos establecemos los límites ha sobrevivido en el tiempo. Claro que muchas veces es a costa de la dignidad de nuestros hijos, al hacer un uso abusivo de nuestro poder, y manipular o aprovecharnos del deseo de los niños de mantener la cooperación con los adultos que los cuidan y de los que dependen.” (extraído de Su hijo, una persona competente, Jesper Juul)

Aunque los niños necesiten límites para sentirse seguros, hemos de cambiar la idea que tenemos de los mismos, verlos como algo más que un conjunto de “reglas generales” válidas para todos.

Cuando los adultos ponemos límites podemos proceder de diversos modos, no siempre adecuados a lo que los niños necesitan:

  •  marcamos límites que no tienen nada que ver con nosotros, simplemente porque todo el mundo lo dice o porque nos preocupa lo que pensarán los adultos que nos rodean:

                 “Aquí no se corre y estáte callado”

  • ponemos límites a partir de nuestra opinión o necesidades, proyectando nuestros asuntos:

                 “Hace frío, ponte el abrigo o te quedas sin televisión”

  • los humillamos cuando se saltan un límite y la consecuencia es negativa para ellos:

                “¿Te caíste, verdad? Ya te dije que está muy alto y que te ibas a hacer daño. La próxima vez me haces caso”

  • ponemos el límite instructivo, es decir, razonando extensamente su fundamento:

              “Este cuchillo corta mucho. ¿Ves los dientes que tiene? Si lo agarras por ahí puedes hacerte mucho daño. Los cuchillos no son para los niños. Yo una vez me corté y me hizo sangre, me dolió mucho y estuve llorando todo el día, así que lo mejor va a ser que dejes el cuchillo en su sitio”


No sé a tí, a mí esto me suena mucho ;-). Aunque es posible cambiar el modo de comunicar nuestros límites personales y las normas que queremos que todos respetemos en el hogar.

¿Te animas a cambiar de estrategia?

Mª Pilar Gómez San Miguel

Crianza En Familia

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