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Relación de pareja e hijos

Cuando éramos novios y vivíamos con nuestras respectivas familias todo era romántico y nuevo. Cuando empezamos a vivir juntos todo seguía siendo nuevo y romántico. Cuando nació nuestra primera hija la experiencia era nueva, el romanticismo no tanto. ¿Qué fue pasando?

En la construcción de nuestra familia hemos pasado por varias fases: los comienzos estuvieron llenos de novedad, ternura por el recién nacido, aprendizajes, descubrimientos, e incluso las horas sin dormir las llevamos con soltura y energía sobradas. Con más niños es más complejo compaginar la atención a las necesidades de cada criatura, las propias, encontrar momentos para la pareja y organizar la intendencia del hogar.

En los foros de maternidad -porque son las mujeres las participan mayoritariamente y buscan respuestas para la crianza de sus hijos- muchas madres se quejan de la falta de apoyo de sus parejas, e incluso hablan de enfrentamientos directos o conflictos diarios con éstos por cuestiones relativas a la alimentación, la lactancia materna, el modo de relación con los niños, el colecho…

Nuestro secreto para compartir un estilo de crianza común fue leer ambos el mismo libro, lo que supuso una apertura hacia un estilo diferente. A partir de ahí no dejamos de preguntarnos por el mejor modo de realizar nuestra tarea como padres. Ahora mismo existe una complicidad muy grande, una comprensión profunda de los puntos débiles del otro y sobre todo, un compromiso serio por cultivar el amor mutuo, cuidando de no convertirnos únicamente en “padre” y “madre” dejándonos absorber por el día a día de nuestra familia numerosa, puesto que cada uno somos más que nuestro rol parental y la relación de pareja sigue teniendo entidad propia.

Los principales obstáculos que experimentamos para una relación de pareja sana cuando tenemos hijos a nuestro cargo:

-la insatisfacción personal con la propia vida, que lleva al desánimo y el malhumor constantes, no tener claro qué quiero hacer con mi vida, dejar pasar los días sin dar salida a mis inquietudes y dones, convierte el hogar en un lugar de enfrentamiento por cuestiones pequeñas, enfrentamientos que revelan que estamos a disgusto, aunque solemos proyectarlo en la otra persona, e incluso en los niños

-la falta de flexibilidad en las costumbres, porque ¿realmente es tan importante que el trapo de la cocina quede colgado del grifo al acabar el día?

-la escasa comunicación con la pareja, por falta de tiempo y sobre todo por relajarnos en la implicación con la relación

-mantener un nivel de comunicación superficial, basado en contarnos lo que hacemos a diario, charlar sobre los amigos y la familia o la actualidad

dar por supuesto que la otra persona sabe cómo nos sentimos, que nota nuestro desacuerdo, cansancio o necesidad de apoyo; efectivamente no es así, lo cual nos frustra y aumenta la incomunicación y los conflictos

-convertir el cuidado de los hijos en el centro de mi vida, dejando desatendidas otras facetas de mi persona y por supuesto la relación amorosa

Hay algunos puntos clave para una relación positiva cuando se tienen hijos, muchos son conocidos por casi todo el mundo -lo que no implica que se pongan en práctica todo lo necesario-:

-dialogar juntos sobre la crianza de los niños antes de tenerlos, buscar información para compartir criterios educativos

-comunicar las dudas, alegrías y frustraciones que vivas a lo largo de la relación de pareja y familiar, para no acumular sentimientos negativos hacia la otra persona

-tener momentos para el diálogo personal, sin niños, para compartir aficiones y tiempos de relax

-tener proyectos personales propios de la índole que sean, de modo que la vida de familia no sea tu única ocupación

-si hay algo que marca la diferencia es la comunicación: muchas de nuestras conversaciones podríamos tenerlas con amigos e incluso conocidos; si se trata de un nivel más profundo de comunicación entonces llegamos a los sentimientos y emociones, y en el último nivel se encuentran nuestros deseos y proyectos, nuestras inseguridades y esperanzas, experiencias de infancia, etc. Cuando cuentas lo que te ocurre, preocupa, sueñas, inquieta, divierte… el mensaje que recibe la otra persona es que es importante en tu vida, así que dí lo que sientes, qué te hace sentir inseguro y dudar, cómo quieres que sea vuestra familia, qué vas a hacer para contribuir a ello, cuál es el proyecto con el que sueñas…

Lo que no se nutre acaba muriendo, si imaginamos que nuestra pareja sobrevivirá a base de rentas de experiencias pasadas podemos encontrarnos con el tiempo inmersos en una relación gastada, sentirnos sin ilusión y lejanos de quien era parte fundamental de nuestro día a día y nuestro mayor socio en el empeño vital de crear una familia. De ambos depende que esto no sea así.

Maria Pilar Gomez San Miguel

Crianza en Familia

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