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Semana Internacional del Porteo: en primera persona

Muchos expertos nos hablan de cómo usar los portabebés y de los beneficios que reporta a niños y padres y al vínculo entre ellos. Es cierto que durante siglos las mujeres, -sí, era cosa de mujeres- portearon a sus hijos en muchas culturas. Hace relativamente poco tiempo, dada la larga historia de la humanidad, que surgieron los cochecitos y sillas para transportar bebés y niños pequeños.

No soy yo quien va a demonizarlos: los he usado y me han sido (me están siendo) útiles.

La cuestión es cuando nos hacemos esclavos de etos artilugios. Porque sí, en ciertos momentos usar una silla es una incomodidad más que una ayuda.

Y después pasamos a justificar su uso y recomendarlo para que los niños “no se acostumbren” a estar en brazos y a ser mimados. Los fabricantes, además, cambian los diseños y prestaciones constantemente. Y con ese gusto que nos da adquirir artefactos modernos y con muchas funciones y comodidades, caemos en la tentación de acostumbrarnos a llevar a nuestro niño en su preciosa sillita con amortiguación, airbag y dispensador de agua.

Para mí fue muy importante conocer la experiencia de otros padres, creo que para los lectores de este blog también. Por eso os dejo con el testimonio de dos parejas, ambas tienen 3 hijos y amplia experiencia en el porteo, diverso según sus circunstancias familiares y el carácter de cada hijo.

“El uso o no de portabebés se debio fundamentalmente a que cada uno tuvo un carácter diferente y una necesidad diferente. Nuestra primera hija era muy irritable con continuos lloros (debido a la dermatitis atópica) y apenas podía hacer nada sin llevarla en brazos, asi que por consejo de mi hermana empecé desde muy chiquitina a llevarla mochila. Aproximadamente hasta el año que ya empezó andar. Llevarla en la mochila la relajaba y estaba más a gusto. A mí también me relajaba y me gustaba llevarla encima.
Con la segunda y el tercero el uso fue más puntual aunque se han criado en brazos e incluso han dormido con nosotros. Pero para salir hemos usado principalmente el cuco o silla. La principal razén era el dolor de cervicales y espalda. Aun así recomiendo el porteo o el tener lo máximo posible encima y cerca a los peques para poder sentirles, olerles… (Cristina)
Para mí como padre la experiencia del porteo fue buena, me gustó mucho llevarles, sobre todo de pequeños. Me gustaba tenerles en contacto con mi piel, y una vez nacida la segunda eso me permitía tener las manos libres y atender a los demás niños. Me sentía orgulloso de llevarles. Me parece la forma más primitiva, natural y práctica de desplazarse con tus hijos. De echo todavía m gusta llevarles a cuchus y que se aferren a mí para no caerse. Lo que los demas nos decían: les estais mal criando, se van a mal aconstumbrar, luego solo t van a pedir brazo…. (Arturo)

“Nuestra experiencia con el porteo de bebé empezó con nuestro primer hijo. Lo utilizábamos casi siempre en casa al principio porque me era muy cómodo para hacer cosas y él estaba superrelajado. En la calle lo usamos ocasionalmente, igual que con nuestra segunda hija porque fueron bebes de “invierno” y de bajo peso. Nuestra verdadera experiencia surgió a raiz de tener a la pequeña. Ella sido porteada desde el nacimiento hasta los 3 años. Los beneficios que hemos encontrado son múltiples: la comodidad para mí, el apego, la tranquilidad que le reportaba estar cargada.  Y a largo plazo es una niña segura de sí misma, independiente, con alta autoestima… La mayoría de los comentarios que recibí fueron de crítica: que si vas a estropear la espalda, que se acostumbra y luego no duerme por la noche, que tanto llevarla “ahí” no va a querer bajar, que iba a retrasarle el momento de andar… A los nuevos papás les recomiendo el porteo como forma natural de llevar a sus hijos.” (Rosa y Tomás)

Muchas gracias a los cuatro por vuestro testimonio. Y a vosotros, lectores, una invitación para probar a portear a vuestros hijos.

Maria Pilar Gomez San Miguel

Crianza en Familia

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