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Conflictos en el hogar II: cómo afrontarlos

Los conflictos son el pan nuestro de cada día. Son el resultado de nuestras diferencias personales. Son una ocasión para el crecimiento, para construir juntos cada día nuestra relación, para encontrar nuevos modos de compartir tiempos y espacios, para manifestarnos con claridad, para aprender de las otras personas.

Existen una serie de estrategias para que los conflictos sean sólo eso, conflictos, y no dramas familiares, gritos, y violencias verbales y psicológicas:

-no te precipites al reaccionar a las “cosas” de tus peques, pregunta antes de emitir veredicto, escucha

-la conexión con tus emociones te permitirá ser consciente de tu estado anímico y eso hará que no te dejes llevar por cualquier conflicto a tu alrededor sin darte cuenta; requiere entrenamiento si no estás acostumbrado a ello y el beneficio es enorme

-avisa a los que te rodean de tu estado físico y emocional si no te ves capaz de afrontar situaciones de estrés en casa o cuando llega el atardecer y todos estáis cansados

pide colaboración, ayuda, tiempo, espacio, aire… lo que necesites, pídelo, búscalo

-ten en cuenta tus necesidades personales: realiza alguna actividad que te guste, sal, encuéntrate con otras personas, en otros ambiente diferentes al familiar

-cuando sientas mucha ira retírate de la compañía de tu familia, desahógate, y regresa cuando estés en condiciones de llevar adelante las pequeñas dificultades de la convivencia: una madre o un padre iracundos e incontrolados dicen y hacen cosas negativas para la relación con sus hijos y para su autoestima

-cuando tus hijos tengan una pelea no hace falta que dirimas quién tiene razón: deja que ellos lo resuelvan, la intervención de los adultos suele alargar un pequeño enfrentamiento y lo convierte en una cuestión de quién tiene razón y quién se lleva el gato al agua ante sus padres; si intervenimos en exceso llegamos a crear un conflicto, nos sentimos insatisfechos por el resultado (el agraviado siempre se enfada), castigamos, reñimos…

-cuando no estés de acuerdo con algo puedes sentarte a dialogar, no es necesario llevar siempre la razón, ni siquiera ante los niños, así los enseñas a buscar soluciones, colaborar con los demás y resolver de modo inteligente sus diferencias con otras personas

No basta con leer este artículo, así que márcate estrategias nuevas para mañana o para los próximos días: no intervenir en las discusiones de tus hijos, sentarte con ellos a solucionar un desacuerdo, expresarles claramente cómo te sientes cuando estés enfadado en lugar de dejarte llevar por la ira… adelante.

 

Maria Pilar Gomez San Miguel

Crianza en Familia

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laura - Muy interesante y muy bien planteado.

Nosotros tenemos ahora una situación complicada, a saber: un crío de tres años que se ha encontrado con la vuelta al cole y una hermanita recién nacida. Hay que añadir que encima nosotros estamos sin trabajo y sin pegar ojo la mitad de las noches por nuestra neonata… la tragedia está servida.

Lo que nos está funcionando muy bien es haber montado un “rincón de la calma” (el nombre se lo ha puesto mi hijo). Hemos buscado un sitio de la casa para cada uno donde irnos cuando estamos muy nerviosos y/o enfadados. Se va voluntariamente (no vale “castigar” al crío enviándole allí) y hasta que no se salga está prohibido hablar del tema. En este espacio vale todo: se puede llorar, gritar, revolcarse… lo que sea necesario para recuperar la calma y la compostura. Y una vez estamos serenos nos reunimos y hablamos sobre lo que ha pasado. El por qué de los nervios o del enfado, como estamos y proponemos distintas soluciones. Pactamos la que nos parece mejor a ambas partes para evitar que vuelva a ocurrir.

A veces se va mi hijo a su rincón (donde tiene además un muñeco y un libro), a veces me voy yo al mío y a veces va el padre al suyo. Y nos está yendo de maravilla. Nos permite tranquilizarnos, por lo que no hablamos hechos un manojo de nervios y alterados. Además, nos da un tiempo para evaluar la situación y reflexionar sobre las distintas posibilidades que tenemos.

Otra cosa que hacemos es dejar que el niño exprese la razón de su enfado/nervios/comportamiento. Eso nos permite evaluar la situación “real” en vez de una “inventada” por los padres que a veces no tiene nada que ver con lo que de verdad pasa.

Probadlo. Igual no os funciona, pero vale la pena buscar estrategias donde se eviten los gritos, las imposiciones y el “porque lo digo yo y punto”.

Saludos.

pilar - Laura, felicidades por esa solución familiar y por haber estado dispuestos a hacer algo más que desesperaros por los conflictos diarios. No todos tenemos la valentía de ensayar nuevas formas de afrontar las situaciones desagradables. Gracias por tu comentario, seguro que sirve a muchos padres. Un abrazo.

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