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La parte menos dulce de la crianza

Cuando nos hablan de crianza suelen ponernos imágenes de madres bien maquilladas y peinadas, padres sonrientes y niños en calma. ¿Responde esto a lo que luego vivimos en casa? ¿Responde esto a lo que yo estoy viviendo en la crianza de mis hijos? Creo que una denuncia por publicidad engañosa sería justa.

Cuando decidí ser responsable acompañando a mis hijos en su crecimiento y respetar sus ritmos y necesidades me prometía que eso garantizaba su equilibrio y sobre todo, sentirme satisfecha con mi tarea como madre. Sabía que tener hijos cambia la vida, aunque hasta que no me puse a ello no fui capaz de comprender cuánto… Y si tenemos en cuenta la lactancia prolongada,  escolarizarlos como pronto a los 3 años y con un ritmo muy tranquilo (lo cual se traduce en faltar a clase a menudo), no usar los chantajes ni los castigos para mantener la disicplina en casa, etc, entonces tenemos como resultado muchas horas en su compañía, mucha disponibilidad para la lactancia y todo lo demás. Últimamente mi pequeño Samuel está teniendo noches bastante movidas. La consecuencia clara: arrastro una falta de sueño importante que repercute en mi nivel de energía, mi humor, mis despistes… y que me hace pensar en los biberones de leche con cereales antes de dormir, a ver si así duerme al menos cuatro horas seguidas. ¡Qué ilusa! Teniendo el pecho, ¿a cuánta de qué va a querer chupar una tetina que sabe a caucho?

Durante este verano las 3 criaturas pasan conmigo toda la mañana: el bebé se ha hecho caca por 3ª vez en cuatro horas, “mamá, quiero jugar contigo”, ¿qué pongo hoy de comer?, ¡oh no, dos coladas de ropa limpia por doblar!, “tengo hambre”, “mamá, fulanita me está molestando”, “¡buaaaaaaaaaaaaa!”…

Estos son momentos de pánico, que imagino muchos padres de familia conocen a fondo. Si algo caracteriza la vida en familia, y más si es numerosa, es el esfuerzo de los adultos y posponer deseos y alguna que otra necesidad en función de las circunstancias. De todo esto no me advirtieron cuando me quedé embarazada hace 9 años, y en las horas bajas aparecen tentaciones de volver a principios educativos tipo “los niños a oír, ver y callar”.

Es muy bonito hablar de lo maravillosa que es la crianza respetuosa (sin duda), de lo ideal que resulta perder horas de sueño por mis hijos (si es necesario lo hago) o de que no me importa posponer todos mis deseos (lo cual es falso). Así que considero que me encuentro con los mismos problemas que otros padres, quizá con menos, aunque no por ello resultan menos trabajosos.

Cuando cuento esto en según qué ámbitos y además añado que procuramos realizar una crianza respetuosa y con apego entonces rápidamente estos sacrificios son achacados a ese estilo, aunque en realidad es al contrario:

-la lactancia materna garantiza mayor salud (ayer tuve que acudir con el bebé de 9 meses a urgencias por un accidente doméstico y cuando me preguntaron qué suele tomar para el dolor tuve que decir que nada, porque no ha probado ni el ibuprofeno ni el paracetamol, amén de sendas varicelas en las niñas más llevaderas que un resfriado) y muchos otros beneficios

portear es garantía de niño sereno, protegido de estímulos excesivos, y de fortalecimiento del vínculo entre el niños y los padres

criar con respeto, sin viejas fórmulas premio-castigo requiere un esfuerzo extra de autonocimiento, desarrollo de estrategias personales nuevas y revisión constante: el resultado es una relación fluida, confianza entre padres e hijos, niños asertivos y autónomos y adultos calmados

-la autorregulación permite mayor libertad a todos, puesto que no es necesario pelearnos para cumplir horarios, tomar determinados alimentos o imponer normas externas y que chocan con las necesidades de cada miembro de la familia: en casa comemos y bebemos cuando sentimos hambre y sed, dormimos a una hora en la que el cuerpo necesita descanso y echamos la siesta cuando queremos, o vamos al baño cuando tenemos necesidad

Lo mejor: que quiero respetarme a mí tanto como a mis hijos, que no me parece descarado ni me siento culpable por ello,y que ¡me marcho a dormir una siesta!

 

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