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La fuerza de voluntad en la crianza

Desde hace unos días participo en un grupo de Facebook para crear hábitos. A través de él los miembros nos comprometemos con objetivos concretos, según nuestras necesidades y proyectos.

Unas palabras de una amiga en este grupo me han hecho reflexionar sobre la fuerza de voluntad: las personas tenemos cierta tendencia a lamentarnos porque somos un desastre con el orden en casa, porque no nos enseñaron a cocinar algo decente, porque nos falta tiempo para leer, porque la dieta no da resultado, porque no vemos a nuestros amigos hace meses, porque nuestra madre no nos llama nunca, porque nuestros hijos no colaboran en las tareas, porque el sexo ¿qué es eso?…

¿Cuál es el origen de esta actitud? Supongo que cuando calentamos la cabeza a quienes tenemos cerca con nuestras lamentaciones en realidad queremos un poco de cariño y que alguien nos escuche. Muchos lo hacemos de vez en cuando, el problema es cuando nos enganchamos y pasamos el tiempo lloriqueando y quejándonos de nuestra falta de capacidad para solucionar situaciones desagradables, cuando la autocompasión se instala como una rutina, más aún, como una compañera de camino.

En el fondo lo que sentimos es un miedo tremendo: miedo a cambiar, miedo a comenzar algo nuevo, miedo a fracasar en nuestros intentos por conseguir lo que queremos.

La actitud de derrotismo puede darse también en nuestra vida familiar: en todo lo que afecta a nuestra relación de pareja, a la comunicación con los hijos, al orden en el hogar, a los conflictos que se repiten… Y aquí podemos caer en la tentación de “echar balones fuera” culpando de todo lo que no nos gusta a la falta de compromiso de nuestra pareja y niños.

Sin embargo la sensación cuando conseguimos superar un obstáculo o cambiar de hábito, cuando nos proponemos una meta y la alcanzamos es de total plenitud y “poderío”, más aún si se da en el ámbito de las relaciones personales y familiares, donde nos jugamos gran parte de nuestra satisfacción personal y felicidad, debido a los vínculos que compartimos.

Existen muchas herramientas para convertir nuestra vida en lo que queremos que sea, aunque puedes empezar así:

-primero analiza qué aspectos no te gustan, qué situaciones desagradables se están prolongando desde hace meses y te causan malestar

-escoge las más importantes, pueden ser sólo dos o tres, o incluso una

-proponte un objetivo y redáctalo

-añade a la lista los medios que vas a usar para llevarlo a cabo

-no olvides también incluir las acciones concretas

Por ejemplo, decidir que vas a jugar más con tu hijo pequeño -que te reclama todos los días- sin organizarte para ello, te llevara a un fracaso casi seguro, una decepcion y a autoconvencerte de que “no soy capaz”.

Así que organiza tus tareas obligatorias para dejar tiempo libre: escoge el momento más adecuado del día para dedicarle a tu hijo, haz un plan, pega un recordatorio en el frigorífico hasta que te habitúes, deja todo lo que estás haciendo cuando llegue la hora X y verás cómo sí eres capaz de llevar adelante el cambio.

Si te sientes inseguro sobre cómo criar a tu hijo o hay aspectos concretos con los que no estás satisfecho: infórmate, pregunta, comparte con otras madres y padres, lee, haz una lista con las cosas que vas a cambiar, cómo lo vas a hacer…

¡Tú puedes! Adelante.

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