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Maternidad y crecimiento personal

Hace cuatro meses que di a luz a mi tercer hijo. Un hijo del que me “enamoré” enseguida, un bebé que me encanta mimar, besar, achuchar, alimentar. Tal y como sucedió con mis dos hijas nacidas antes.

Sin embargo, hay algo que sí es diferente: yo. Últimamente siento que la crianza de estos tres sere está siendo una oportunidad para mí. Empezando por el interés que suscitó en mí todo lo relativo a la maternidad y la crianza en cuanto supe que estaba embarazada por primera vez, allá por noviembre de 2003, lo que me llevó a leer, aprender, compartir experiencias, charlas, información, hacer amigos… Esta curiosidad y afán por dar lo mejor a las nuevas vidas se generalizó a otros ámbitos de la vida, la ciencia, la economía, el arte, la política; y tengo necesidad de comprender tantas cosas que me rodean y que están lejos, como si esta inquietud hubiera estado durmiendo esperando una oportunidad para salir a flote.

El nacimiento supuso una nueva etapa, diferente totalmente a cualquier cosa que yo hubiera conocido. Una etapa de gran intuición, de sensibilidad a las emociones, también de torpeza intelectual (olvidar cosas empezó a ser una costumbre, divertida unas veces, problemática otras). Descubrí que había contradicción entre lo que pensaba que iba a ser cuidar un bebé y lo que intuía que ese bebé necesitaba. Y decidí desoír los consejos bienintencionados de todo el mundo (porque cualquiera en cualquier lugar y situación se sentía con derecho a decirme cómo hacer las cosas), informarme bien y decidir por mí misma cómo responder a lo que me pedían esos bebés: calor, contención, caricias, sostén, leche, palabras, mirada. Hice -y hago- locuras como dormir con ellos o mantener una lactancia prolongada, no obligarlos a comer, acompañarlos durante sus rabietas, pedirles su opinión en las cosas que los atañen… Y comprendí que cuando ellos lloraban hasta el punto de parecerme “excesivo” no es porque fueran mis enemigos, sino porque seguían teniendo una necesidad no satisfecha. Esa libertad que obtuve al liberarme del peso que podía suponer la opinión de los demás se convirtió en un rasgo general de mi carácter, y así obtuve una libertad como nunca antes había experimentado.

Descubrí que las mayores dificultades en la crianza provenían de mis limitaciones afectivas. Que mis heridas de bebé-niña eran la clave para entender mis reacciones ante el llanto y las demandas, y el hambre de madre que me parecía ver en mis pequeños.

También pude reconocer que no es posible criar a los niños en solitario, ni siquiera un padre y una madre, sino que es necesaria una tribu. Y que a todas las inquietudes y necesidades personales quiero darles respuesta, porque es posible alcanzar un equilibrio entre todos los miembros de la familia. Porque mi bienestar emocional y físico influyen en los demás, y viceversa.

Finalmente todos estos descubrimientos, la formación que he ido adquiriendo, quise compartirla con todos aquellos padres y madres que quieren responsabilizarse de la crianza de sus hijos, en vez de dejarla en manos de expertos y métodos. Por eso surgió Crianza en Familia. Y por eso continúo creciendo y buscando cómo dar salida a nuevos proyectos que bullen en mi cabeza y mi corazón.

Están siendo una bendición. Doy gracias a la vida y a estas vidas por despertarme así.

(Foto:www.losamigosdecipri.com)

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Lanuor - Navegando por la blogosfera he llegado hasta tu entrada sobre la maternidad y el crecimiento personal. No puedo estar más de acuerdo con todo lo que dices. Yo también tengo tres hijos (dos chicas y un chico), ya adolescentes. Mi primera experiencia como madre me cambió por completo, creó en mi una metamorfosis que sigue y no creo que pare ya. Maduré, empecé a ver el mundo desde otra perspectiva y me hice mucho más fuerte. Ahora vivo esta etapa de la adolescencia disfrutándola de verdad: mantengo charlas filosóficas con mis hijos, alguna que otra discusión, pero se ha establecido un lazo entre ellos, mi pareja y yo, que va a durar para siempre. Como ´tu dices nos hemos convertido en una tribu, pequeña, pero al fin y al cabo, una tribu.
Muchísimas felicidades por tu reciente maternidad!

maria - Gracias por compartir estas conmovedoras reflexiones. Es verdad que nuestros hijos despiertan no sólo sentimientos nuevos sino también habilidades y capacidades que creíamos no tener. Ellos crecen y nosotros crecemos con ellos.

pilar - Gracias Lanuor, por tu felicitación y por tus palabras. Es un placer oír a padres-madres de familia felices, especialmente tratándose de familias con hijos adolescentes.

pilar - De nada María. Gracias a ti por tu comentario.

Obstáculos que te impiden disfrutar de la maternidad « CRIANZA EN FAMILIA - […] con el cuidado de sus hijos y no encuentran satisfacción en lo que hacen. De este tema hablé en el blog hace unos meses. Y mi recomendación es que te sientes con papel y bolígrafo para apuntar todo lo […]

Supera los obstáculos que te impiden disfrutar de la maternidad « CRIANZA EN FAMILIA - […] con el cuidado de sus hijos y no encuentran satisfacción en lo que hacen. De este tema hablé en el blog hace unos meses. Y mi recomendación es que te sientes con papel y bolígrafo para apuntar todo lo […]

Laura Fabra Perales - Gracias por el artículo, me he sentido muy identificada, pues yo también hace tan sólo 6 meses que soy mamá primeriza y ahora mismo me encuentro en pleno puerperio y frente a mis sombras y mis necesidades de bebé (menos mal que ahora sé que es esto y no que estaba perdiendo la cordura) Gracias.-

pilar - Laura, a las madres primerizas todo el mundo las dice cómo deben sentirse y casi siempre son recomendaciones que no tienen nada que ver con cómo se encuentran realmente. Si nadie es capaz de estar a tu lado y aceptar tus emociones es fundamental que tú misma te escuches, en vez de hacer caso a los consejos de alrededor que pueden confundirte y hacerte sentir culpable. De nada. Felicidades por esa maternidad y que la disfrutes muchísimo.

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