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El nacimiento desde la mirada del bebé

Después de dar a luz a Samuel, me llaman mucho la atención algunas entradas que encuentro en la red sobre el parto, ya que voy corroborando lo vivido a través de la sabiduría de otras personas. Por eso os dejo esta entrada del blog Mimos y Teta, titulado “El nacimiento desde la mirada del bebé, por Jean Sutton”.

El nacimiento desde la mirada del bebé.
De Jean Sutton

“Birth from Baby’s View” fue publicado en Midwifwery Today, Verano 2011, y traducido al castellano por Sofía Albanell y Laura CaoRomero

Los bebés están a cargo del proceso de nacimiento y dirigen la obra desde la concepción, entonces, ¿por qué no les preguntamos qué es necesario para un final  exitoso?

Para un nacimiento seguro y simple algunas cosas son básicas.

  1. Un bebé en posición óptima

  2. Una madre erguida y en movimiento a lo largo del primer periodo de parto (borramiento y dilatación).

  3. El diagnóstico apropiado del inicio del segundo periodo del trabajo de parto (descenso y salida).

  4. Una madre con una pelvis “abierta”, para proveer el máximo espacio utilizable.

  5. Evitar interferencia por parte de quienes lo atienden.

  6. Un “cacher de bebé” detrás de la madre o de rodillas más abajo que ella.

Existe verdaderamente sólo un ángulo apropiado para nacer. Hasta ahora, el 85% de los bebés la eligen – cabeza abajo con su espalda hacia el frente izquierdo de la madre. Los siguientes bebés tienen más opciones.
La segunda opción es cabeza abajo y espalda hacia el frente derecho de la madre. Ésta es menos viable para primerizos debido a la forma de pera que tiene el útero, una característica inclinación hacia la derecha y un giro hacia la izquierda en la base. Con los bebés que siguen el útero tiene más forma de manzana y esto provee mayor espacio.

Cuando la madre opta por la posición vertical y se mantiene en movimiento, la entrada de su pelvis se amplía. Esto favorece que bebé acomode la parte posterior de su cabeza hacia el frente. Percibir esta presión también ayuda a bebé a efectuar los cambios que necesita. El bebé necesita flexionar la cabecita hacia su pecho, para que el diámetro menor pase por el cuello uterino.  El único dolor que debe sentirse es por la expansión el cuello uterino. Mayor dolor siempre nos habla de que algo no está funcionando de manera óptima.

Fase de receso y gratitud (“siesta”)

Las últimas contracciones de la primera parte pueden ser avasalladoras. El cuello se abre al máximo y la cabecita de bebé se avoca hacia la vagina.
De repente, todo parece llegar a un alto. Madre, bebé y útero necesitan un descanso.  Aquí es donde, si se pasa por alto esta fase, el problema puede comenzar. Bebé debe terminar de rotar, colocando ambos hombros frente al pubis de mamá. Si esta parte es ignorada puede tardarse de minutos a horas debido a que el  bebé puede permanecer con uno de sus hombros en el borde del cuello uterino sin poder descender. Aunque la madre puje mucho será inútil. Además, los músculos del útero también necesitan cambiar su acción. Hasta este punto han estado acortándose y abriendo el orificio del cuello. Ahora, deben modificarse para el trabajo de expulsión.

Segundo periodo

Si nadie interviene, el bebé nacerá por sus propios esfuerzo y aquellos del útero. Pujar no será necesario. Los nervios que controlan esta parte del proceso yacen entre la uretra y la vagina (parte interna del clítoris). Cuando la cabeza de bebé los toca, algo casi increíble sucede.  El sacro, parte posterior de la pelvis se mueve hacia atrás, empujando las paredes laterales hacia afuera conforme esto sucede. Esto aumenta el espacio pélvico y el diámetro entre las espinas isquiáticas se incrementa.  Los libros de texto establecen que en ese momento existen 16 cms entre la parte anterior y la posterior de la pelvis.
Al mismo tiempo, usualmente la madre tiene una reacción espectacular: con los brazos hacia arriba, la espalda arqueada, el tronco hacia abajo y las rodillas flexionadas. Necesita un sostén firme de donde tomarse por delante o sentirse apoyada por detrás.
Lo más importante es que permanezca con las rodillas alejadas de su cuerpo para que la pelvis se mantenga lo más abierta posible.
Si sus rodillas son levantadas hacia su cuerpo, los hombros del bebé no tendrán espacio para efectuar los movimientos necesarios; la madre puede sentir deseo de pujar, pero éste no será efectivo.

En cambio, si mantiene su cuerpo hacia adelante, el bebé se recargará en el pubis de la madre, y descenderá rotando sus hombros y deslizando su cuerpo. Cuando nos colocamos frente a la madre, ella innevitablemente mueve su pelvis alejándola de nosotros, empujando al bebé hacia los nervios de pujo. Si una mujer tuviera que dar a luz sola, el bebé nacería por la parte inferior de su abdomen, viendo hacia el suelo.

Muy pocas madres intentan levantar de inmediato a sus bebés después de nacer. Ellos necesitan drenar los fluídos de sus pulmones antes de respirar por primera vez. Todo este proceso se lleva a cabo en el sistema nervioso autónomo, sin nosotros controlarlo.

Sin embargo, los seres humanos, como somos, necesitamos hacer algo. ¿Cómo es que no podemos aceptar que un bebé que estuvo dirigiendo la obra por 9 meses va a poder finalizarla? No es la responsabilidad de la madre “hacerlo”, pero sí de ayudar a bebé a lograrlo.  La mirada de uno que “se hizo nacer” es fascinante tan sólo a los pocos minutos de nacido.

De dónde procede la idea del pujo a propósito es un misterio para mi. Cuando empecé a trabajar en las unidades de atención materna, las mujeres no podian pujar aunque quisieran. Estaban sedadas pues a la mayoria se les administraba cloroformo o trileno conforme avanzaba el trabajo de parto. Por lo general, se encontraban dormidas cuando el bebé salía. Por supuesto, se las colocaba acostadas de su lado izquierdo, y la partera o el médico, detrás de ellas, ayudaba a la bebé a salir. La norma eran los partos asistidos.
Los bebés de las parapléjicas nacen sin ser ayudados. Si ellos pueden hacerlo, ¿por qué no los otros?

Jean Sutton es madre, abuela y partera cuyo entornos han sido las granjas y la ingeniería.  Las observaciones y estudios a lo largo de toda su vida acerca de los procesos del parto normal la condujeron a escribir su libro Comprensión y enseñanza de el posicionamiento óptimo fetal, trabajo pionero en esta àrea, co autora Pauline Scott, Ha ayudado a muchas mujeres a gozar del milagro divino de tener un parto directo, sin desviaciones de lo normal.

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