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Emociones y síntomas (II): mocos, infecciones, gastritis invernales

Se conocen más de 200 tipos de virus que pueden causar resfriados.

Cuando una persona sufre un catarro, queda inmunizado frente al virus que lo ha provocado, pero aún es susceptible a otros virus, que a su vez tienen múltiples subtipos…

También esto explica que los catarros sean más habituales en la infancia y su frecuencia disminuya con la edad; a medida que la persona va desarrollando inmunidad frente a los diferentes virus, disminuyen las posibilidades de contagio en caso de un nuevo contacto con ellos. La transmisión se provoca a través de gotas de secreciones respiratorias con virus en suspensión, producidas al toser o estornudar, que pueden ser inhaladas por otras personas, resultando contagiadas.

Los catarros son una de las enfermedades más frecuentes en el niño. Aproximadamente lo normal es que se produzcan de 3 a 9 episodios al año en el niño preescolar y de 2 a 6 episodios en el escolar. Estos episodios suelen concentrarse en otoño e invierno, en los meses de epidemia. El número de resfriados es aún mayor, hasta el doble o el triple, en los niños pequeños que acuden a guardería.

El sistema inmune se desarrolla mediante un proceso complejo, y para explicarlo hay que ubicarse en el intestino, el cual no es solo un órgano que absorbe nutrientes, sino que un 30% de sus células posee funciones inmunológicas. Ello tiene relación directa con el desarrollo de la inmunidad en los primeros meses de vida, cuando el nexo con la nutrición es vital para el niño.  A lo largo del intestino no solo hay microorganismos agresivos que el cuerpo debe aprender a destruir, sino antígenos (bacterias o microflora comensal) presentes en los alimentos y ante los cuales no debe producir rechazo sino aprender a lo que los especialistas llaman “tolerabilidad oral” dado que éstos son beneficiosos por apoyar la inmunidad.

Aunque existen diversos factores que influyen en el desarrollo de un adecuado sistema inmunológico en los primeros años de vida del niño, la nutrición es un elemento fundamental para mantener el equilibro que ofrece protección al organismo frente a las agresiones externas.

Una de las grandes preocupaciones de los padres, madres y educadores son las enfermedades de otoño e invierno, que en muchos casos se prolongan hasta bien avanzada la primavera. Evidentemente las condiciones de frío contribuyen a una mayor presencia  y actividad de bacterias y virus.

Pero quizá haya adultos que os hayáis fijado en la relación que tienen el estrés de los niños y la aparición de enfermedades. Muchos se habrán dado cuenta de que tras unos días de malestar emocional de un niño, llegan los mocos y la fiebre. Que niños agobiados en el colegio por la presión acaban desarrollando una gastroenteritis. Que chavales con un horario estresante se quejan a menudo de dolor de cabeza. ¿Y aún creemos que son coincidencias?

Mi experiencia con niños es que cuando no se les escuchan sus necesidades desarrollan una faringitis, que si están muy cansados o necesitan estar con nosotros tienen fiebre repentina que desaparece en menos de 48 horas… y así múltiples ejemplos.

Puede que no hayamos percibido el efecto que tienen nuestras preocupaciones, deseos insatisfechos, necesidades postergadas, en nuestro estado de salud. En ese caso nos será mucho más difícil captar las señales que nos envían los pequeños. La salud o la enfermedad no son sólo un asunto del otro -el médico?- que previene o cura, más allá de esta percepción tradicional es imperioso reenfocar la comprensión de la salud desde la experiencia humana y social, desde el sentido de ser los únicos dueños y responsables de ésta. Al final debe quedar claro que en todo desbalance o enfermedad existe un conflicto intrapersonal y la necesidad urgente de armonizar el desequilibrio emocional.

Dado lo interesante de este tema y su importancia en la vida de todos podemos ir dando pistas de cómo mantener la salud, para ello os dejo esta pequeña encuesta.
Haga clic aquí para completar la encuesta.

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