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Escuela y mal humor

Hace ya un mes que comenzaron las clases. Y quizá hemos notado en nuestros hijos y alumnos cierto mal humor, aparición de catarros o fiebres, llantos sorprendentes… Quizá no hemos notado que el ritmo escolar les supone un nivel de estrés que no están preparados para afrontar sin que se vea afectada su estabilidad y salud. Quizá nosotros, adultos, estamos metidos de lleno en la vorágine trabajo, madrugones, viajes al cole, extraescolares, meriendas rápidas, cenas-exprés, “levántate que llegamos tarde”…

Nos parece normal, porque es lo que todo el mundo hace, y creemos que los niños “tienen que aprender” a vivir a ese ritmo adulto para que en el futuro puedan soportar esa velocidad vital y nivel de ocupación y tareas obligatorias. Pero ¿es lo que necesitan? No olvidemos que el estrés, la ansiedad que supone enfrentarse cada día a un grupo grande de compañeros, a varios maestros especialistas y sus requerimientos, a los madrugones, las prisas, las actividades obligatorias, las jornadas maratonianas en el colegio, a nuestro mal humor, afectan directamente a su sistema inmune.

Los niños son más vulnerables en el aspecto emocional que los adultos, quizá porque no comprenden todavía el por qué de muchos eventos y porque deben lidiar con muchas exigencias a las que los adultos damos poca importancia o no nos damos cuenta de ellas, haciendo que sus fuentes de estrés provengan de los lugares y circunstancias que deberían darles más seguridad.

Presiones escolares, exigencias de los padres, problemas con sus amigos, pleitos, separación o divorcios de sus padres, enfermedades familiares, muerte de algún ser querido, cambio de escuela o casa, retos en los deportes y juegos, presiones por el tiempo de los padres, ruido, noticias del mundo y enfermedades, son algunas de las causas de estrés entre los niños y niñas que pueden perjudicar de manera importante su salud y su desempeño escolar así como sus relaciones familiares sobre todo con sus padres, familiares y amigos.

Especialmente los niños en la primera infancia pueden sufrir aparentes regresiones a rabietas que suponíamos desaparecidas, cambios brucos de humor, resfriados que no desaparecen, dolores de cabeza o problemas intestinales. Ser conscientes de esta realidad nos ayudará a estar más cerca de los menores, a comprender sus reacciones, y acompañarles con empatía en lugar de reaccionar como si se tratara de ataques a nuestra persona o desafíos a nuestra autoridad como educadores y padres.

(Estrategias para vencer el estrés: déjanos tu correo suscribiéndote al blog y las recibirás dentro del boletín quincenal que envío gratuitamente a los suscriptores)

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